Abel en tierra de Caín

Ensayo publicado en 1968 sobre las tendencias separatistas en España. El autor las fundamenta en las características del territorio: la España húmeda y la España seca; una tierra fértil que acoge a sus habitantes y otra que los rechaza y hace vivir en condiciones de miseria.

El autor desarrolla cuestiones tales como los latifundios y minifundios, los tipos de cultivos, las políticas de protección a la agricultura y los movimientos migratorios.

Catalán de nacimiento y residente en Madrid, el autor hace propuestas sobre las reformas políticas que vé necesarias en el futuro, para poner a las regiones españolas en un plano de igualdad, desde un régimen federal a una estructura política descentralizada.

 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1968
219

Subtítulo: El separatismo y el problema agrario.

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Un intento bien intencionado del catalán José María Fontana Tarrats por entender las tendencias separatistas en nuestro país, y las diferencias entre las distintas regiones peninsulares, basándose en la fertilidad o infertilidad de sus suelos. 

Las regiones fértiles e industrializadas -las denominadas periferias- han alcanzado una personalidad propia que rechaza ser dirigida desde el exterior. Por el contrario los ciudadanos del Centro-Sur de la Península tienden al individualismo, no conforman una personalidad común, son críticos hasta el exceso y tienen tendencia a la emigración. Para el autor Caín es el territorio, en tanto que Abel es el individuo que intenta sobrevivir en un medio adverso.

Fontana no tiene empacho en calificar las tendencias separatistas como insolidarias. Mantiene la tesis, ya escuchada en otras ocasiones, de que en Cataluña y el País Vasco los máximos separatistas son los inmigrantes, por odio a sus tierras de origen de las que han tenido que marchar. Reconoce el carácter acogedor de Madrid, la capital, aunque afirma que después de la Guerra Civil se impusieron políticas centralistas que estima equivocadas.

En 1968 muchos intelectuales se planteaban el futuro político del país. El autor hace la propuesta de una estructura de gobierno descentralizada, con una capitalidad alternante entre Madrid y Barcelona y la dispersión de las otras instituciones de gobierno por las cabeceras regionales: Sevilla, Valladolid, Zaragoza, etc. Es una propuesta muy poco práctica que no fue asumida por la Constitución de 1978. Sólo Rodríguez Zapatero trató de descentralizar algunos organismos públicos y alguien propuso llevar el Senado a Barcelona sin que la propuesta alcanzase eco.

No cabe duda de que Fontana Tarrats -catalán residente en Madrid- tiene una visión anticipatoria de un problema que, en 1968, sólo comenzaba a apuntar en el País Vasco. Distingue entre un nacionalismo romántico y un nacionalismo intelectual basado en una misión común: desarrollar un régimen social y democrático. Considera las tensiones territoriales como "problemas domésticos" que forman parte del devenir natural de la vida de un país y que no deberían llevar al enfrentamiento violento.

La parte que se refiere a la agricultura probablemente ya esté algo obsoleta, pero la parte política tiene el valor de ser un diagnóstico anticipado y de no buscar culpables más allá del propio territorio. El autor sobrevivió a la Constitución autonómica de 1978 a la cual se mostró contrario.

Para lectores interesados.