Bartolomé Lloréns, una sed de eternidades

El 31 de mayo de 1997 se cumplieron cincuenta años del fallecimiento de Bartolomé LLoréns, "la juventud quizá más traspasada de vida y espíritu que he tenido estos tiempos a mi lado", en palabras de Dámaso Alonso en su discurso de recepción en la Real Academia, en 1947. Por sus cualidades intelectuales y humanas, era previsible que el joven estudiante de filología llegara a destacar como lingüista y como poeta, pero contrajo una enfermedad incurable y falleció a los veinticuatro años.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1997
203
978-84-321-3138
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.2
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La figura de Bartolo Llorens no cesa de intersar a los poetas que le conocieron y, también, a las nuevas generacones, de hecho hay en marcha ya tesis doctorales sobre su obra en el CEU-san Pablo de Madrid y sus papeles descansan en el Archivo General de la Universidad de Navarra

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Dos cuestiones plantea la biografía de Bartolomé Llorens: su vocación poética y su vocación cristiana; la primera de ellas truncada por su temprana muerte y la segunda consumada, identificado con Cristo y aceptando la voluntad de Dios.

Por lo que hace a su vocación poética la pregunta es cómo un joven de familia humilde, inteligente y buen estudiante, se dedicó a las letras y a escribir poesía en vez de dedicarse a estudios más rentables económicamente. Poveda señala como Llorens escribió sus primeros poemas a los quince años. Ama la vida y la belleza, algo muy propio de su tierra valenciana. Animado por sus profesores lee mucho, especialmente filosofía (págs.22-23). En la Universidad de Madrid Bartolo se hace amigo del poeta Carlos Busoño y discípulo de Dámaso Alonso; ambos llegarían a ser miembros de la Real Academia Española.

La segunda cuestión se refiere a la vocación cristiana. Dira Bousoño: "Ayer ateo, hoy un gran santo" (pág.95). Llorens había experimentado la influencia de su padre, republicano y anticlerical, así como del laicista Instituto Escuela de Valencia; pero también la de su madre, mujer piadosa y cristiana practicante (pág.20). Escribe el biógrafo: "Llorens no es un incrédulo empecinado; ya hemos visto que en su corazón desea creer" (pág.45). Su amigo Carlos Bousoño dirá: " Llorens tenía, como muy pocos, sed de Dios. Yo sé todo el dolor con que aquella alma sufría su falta de fe" (pág.46).

En la poesía de Llorens hay elementos de sufrimiento y de búsqueda, pero sus virtudes humanas (afán de conocimientos, trabajo, alegría, preocupación por los demás) le van preparando el camino. Será en Madrid, en unos ejercicios espirituales que realiza por puro compromiso, cuando sus ojos se abran a la luz de la fe (pág.57). El encuentro es alegre: "¿Qué merecimientos tenía yo -se pregunta- para que (...) me señalase el Señor con su marca de fuego?" (pág.58).

Cuando el joven conoce el espíritu del Opus Dei -redimir el mundo con Cristo por medio del trabajo- su alegría es máxima; cosmica afirma el biógrafo (pág.58). El 27 de marzo de 1945 Bartolo escribe al sacerdote Josemaría Escrivá para pedirle su incorporación a la Obra. Pero Dios tenía otros planes para él y se le diagnostica una bronquitis tuberculosa. Bartolo tiene que volver a Cataroja, a la casa de sus padres, donde pasará su enfermedad. Tendrá que redimir con Cristo a través de sus sufrimientos, con la ayuda de sus hermanos del Opus Dei y del fundador, Josemaría Escrivá.

Bartolomé Llorens falleció el 31 de mayo de 1946. Tenía 24 años y había pertenecido al Opus Dei escasamente dos. La biografía que ha escrito Juan Ignacio Poveda de su vida ¡tan breve! se basa en los datos autobiográficos que Llorens incluyó en sus poemas y en el testimonio de los que le conocieron. Los primeros se recogen como anexo en la segunda parte del libro.

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En su prólogo, Carlos Bousoño dice: “ Acojo, pues, complacido la publicación de un libro de enfoque biográfico que junto con otros ya publicados recupera algunos poema inéditos, quizá menos acabados, pero plenos de sinceridad, que dan luz especial sobre su itinerario espiritual, del que tuve el privilegio de tener noticia inmediata. En ocasiones basta un solo poema para inmortalizar a un poeta, y La Canción del Agua Viva pertenece sin duda a este selecto grupo”.

A través del apunte biográfico puede entreverse la riqueza de su atractiva figura. Y en sus poemas “seguirse un itinerario íntimo apasionadamente vivivdo: desde sus luchas interiores, marcadas por el anhelo de trascendencia, hasta su conversión y entrega a Dios en el Opus Dei” - se dice en la contraportada -. Este libro responde a la sintonía de Juan Ignacio Poveda (Jaén, 1949), autor humanista, escritor de relatos breves, articulista ..., con el mundo literario de la poesía, aunque su profesión sea la formación y asesoramiento de recursos humanos en la educación como Licenciado en Ciencias de la Educación que es.

(de Ángel García Prieto)

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Los capítulos de la primera parte del libro constituyen una breve pero emotiva semblanza de su vida. A través de testimonios de quienes lo conocieron, de fragmentos de cartas y de poemas del propio Lloréns y de los datos cronológicos más destacables, Juan Ignacio Poveda recorre la trayectoria interior de Bartolomé Lloréns, especialmente en los últimos años de su vida, cuando se produce su conversión, su incorporación al Opus Dei y su muerte luminosa tras unos meses de sufrimientos y de identificación con los planes misteriosos de Dios. "Recuerdo mi emoción al oírle, poco antes de morir, hablar, sin tristeza, de su próxima muerte", señala en el prólogo su gran amigo Carlos Bousoño, insigne filólogo y poeta, miembro de la Real Academia de la Lengua Española.
La segunda parte del libro reúne 73 poemas de Lloréns, agrupados cronológicamente. Es muy probable que el joven poeta hubiera corregido unos y desechado otros de la abundante producción que dejó a su muerte. La selección realizada por Juan Ignacio Poveda permite seguir, a través de los poemas, lo que ha mostrado en la primera parte del libro; desde este punto de vista, todos los poemas resultan esclarecedores. Además, hay un buen número de ellos de notable calidad literaria, que bastan para que Bartolomé Lloréns merezca un lugar en la poesía española de este siglo. Mención especial requiere el último poema, Canción del agua viva, que, en palabras de Carlos Bousoño en el prólogo mencionado, es "la culminación de su obra poética, y en su perspectiva deben leerse todos los demás".