Cien años de soledad

Novela situada en un país cualquiera de Centroamérica y centrada en torno a los avatares de una gran familia criolla, la de los Buendía, cuyo papel en la historia política de su país se mantuvo siempre en primer lugar a lo largo de cuatro generaciones. El contraste de las vidas aventureras de los hombres, viajeros, camorristas, guerreros y campesinos, contrasta con el de las mujeres de la familia, recluidas entre las paredes del hogar a la espera de la vuelta de sus maridos o de la noticia de su muerte. El estilo vivo, fuerte y colorista que preside la acción aparece mezclado con escenas de gran crudeza y salvajismo, acentuadas por su fuerte contenido erótico.

© Reseñas bibliográficas Fundación Troa

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2000
256
84-397-2836-8
2007
606

Edición conmemorativa del cuadragésimo año de su publicación, patrocinada por la Real Academia Española y por la Asociación de Academias de la Lengua Española.

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Imagen de Azafrán

José Arcadio Buendía se casa con Úrsula Iguarán quien padece pesadillas nocturnas relacionadas con el asalto del pirata Drake a su aldea, en 1527, cuatro siglos antes. Por ese motivo José Arcadio Buendía emprende un camino hacia el interior del país buscando una tierra alejada de la costa. Así se funda Macondo.

Ambos eran primos y sus hijos e hijas van a seguir entrecruzando su sangre hasta llegar al último de la especie, un monstruoso bebé con cola de cerdo que morirá comido por las hormigas.

Las relaciones sexuales entre tías y sobrinos se repiten amparadas en una supuesta ignorancia de los Buendía que, no obstante, intuyen y temen el resultado de esas uniones.

Los cien años de la abuela Úrsula sustentan la historia. Su firmeza para permanecer en Macondo, para reconocer a sus hijos, para aceptar a los 17 vástagos habidos fuera del matrimonio de su hijo Aureliano, a los nietos gemelos Arcadio y Aureliano José, ambos hijos de una prostituta, Pilar Ternera. Úrsula terminará sus días ciega e inválida como juguete de los dos últimos descendientes vivos de los Buendía, Aureliano y Amaranta Úrsula, sobrino y tía, cuyo amor intenso les llevará a su propia muerte y a la destrucción total de Macondo.

Toda la familia sucumbe a la guerra y a la pasión. Durante esos cien años de vicio y locura, los Buendía van perdiendo la memoria y la razón.

El lector a duras penas puede distinguir en el laberinto de los nombres de los personajes el hilo de sus vidas. Tampoco se sabe hasta qué punto siguen vivos o viven en la memoria de los vivos. El coronel Arcadio Buendía es condenado a muerte y el lector nunca llega a saber si muere o si es un personaje imaginado por las autoridades del país para perseguir a los liberales.

Los ideales filosóficos o políticos de los Buendía tampoco permanecen a lo largo de la historia. En un principio, el coronel Buendía se alza en rebeldía, promueve una revolución liberal, de lucha contra la religión y el capitalismo. Pero con los años y las derrotas acumuladas, termina firmando pactos con el gobierno y sus descendientes hacen lo mismo con los representantes de la empresa platanera que subyuga a los trabajadores.

Dentro de la familia Buendía, las mujeres representan la continuidad con el sentimiento religioso tradicional, transmiten las oraciones, el respeto a los sacerdotes e incluso, Fernanda del Carpio envía a su hijo José Arcadio a estudiar a Roma para que llegue a ser Papa.

No obstante, por encima del sentimiento religioso estarán las pasiones incontroladas, que no respetan parentescos ni lazos matrimoniales.

La historia de Macondo es la historia de la lucha de la civilización contra la fuerza de la vorágine. Se trata de un trasunto de la propia condición del hombre que quiere ser civilizado, vivir de acuerdo con unos ideales, que no quiere verse oprimido por un poder externo, un gobierno; y que finalmente se ve esclavizado por la fuerza del sexo o por la pasión del poder y sufre las consecuencias de la guerra.

Incluso el conocimiento, el deseo de saber, pueden sumirle en un estado de abandono personal y de pérdida del sentido.

En resumen, es una alegoría del imposible triunfo del espíritu sobre lo carnal.

Imagen de oscar pons

Nunca hubiese leído esta novela si no me la hubiese recomendado una amiga. ¿Realismo mágico, saga familiar? Nada, nada. ¡Qué equivocado estaba! Es una obra maestra tan bien escrita que las frases fluyen solas. Genial.

Imagen de enc

Hace más de tres décadas que leí medio libro de "Cien años de soledad". Lo abandoné a causa del lenguaje que no era el mío y de aquellas anécdotas sin sentido que no iban a ninguna parte. Años más tarde viajaban dos estudiantes sudamericanos en un autobús. Hablaban elogiosamente de "Cien años...". Intervine en la conversación para decir que a mi no me había gustado y que lo había abandonado a la mitad (siempre he sido políticamente incorrecto). Me contestaron que ésa era la causa de que no me hubiera gustado: que no había llegado hasta el final. Cuando abandonas un plan de adelgazamiento porque no ofrece resultados o dejas de tomas un antibiótico siempre hay alguien que te advierte que debías haber seguido hasta el final. En este caso se trataba de un libro. Ellos no me dijeron porqué les había gustado, pero yo ya había leído suficiente como para saber que el libro no me aportaba nada. En la obra de reciente publicación "Vivir para contarla", el autor da algunas claves para entender a Macondo. Posiblemente el atractivo esté en ese ambiente, casi irreal, del caribe colombiano. Me atrevería a decir que algo parecido encontramos en "El poder y la gloria" de Graham Greene e incluso en "Pedro Páramo" de Juan Rulfo. Un ambiente tan sórdido y deficiente que presiona a los personajes e incluso al lector. La historia que puede con el personaje y no el personaje con la historia. América vista con ojos americanos, no europeos. La fatalidad contra el racionalismo. Personalmente sigo prefiriendo una buena historia a ocho cuentecillos fantásticos, pero eso es cuestión de gustos.