Días de infamia

No hay precedentes en la historia de la democracia de una situación tan extraña como la vivida en España entre el 11 y 14 de marzo. La democracia no es el sistema por el que se elige a los mejores. Tal planteamiento carece de sentido, pues quienes, entre nosotros, se tuvieran por tales, serían, desde luego, los peores. Tampoco las urnas dictaminan la verdad o aseguran el acierto.

La frase, tan repetida en España, de que el pueblo nunca se equivoca –traslación pseudomística del vox populi, vox Dei medievalista– carece de fundamento, porque la misma palabra pueblo indica una realidad abstracta. La filosofía subyacente se mueve en la moral del éxito y en la deificación de los gobernantes. No es infrecuente percibir como quienes hasta las vísperas apoyaban a los anteriores dirigentes, y aún eran primados por ellos, pasan a descubrir en los que combatían virtudes antes ignotas que les lleva a cambiar a la carrera de bando, para reaparecer en el grupo de los vencedores.

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Además de un análisis sobre el aprovechamiento electoral por parte del PSOE y la SER del terrible atentado del 11M, el autor añade unos ensayos breves sobre temas relacionados: el integrismo musulmán, el antiamericanismo, la inmigración, las ayudas humanitarias... Son artículos muy sugerentes y claros.