Discurso de Ratisbona

El Discurso pronunciado por S.S. Benedicto XVI en Ratisbona, el 13 de septiembre de 2006, está íntimamente unido a los estudios sobre Cristología que Benedicto publicó a continuación bajo el título genérico de "Jesús de Nazaret". El Pontífice reivindica el papel de la razón para conocer a Dios y su Palabra, el Verbo divino. Rechaza los intentos de acudir al "Jesús histórico" despojándole de lo que sabemos de El a través de la fe, la tradición y la Teología. Además de la tradición de la Iglesia, fe y teología son vías de conocimiento que responden a preguntas fundamentales del espíritu humano. Por el contrario cuando la cultura moderna rechaza el conocimiento religioso por "acientífico" hiere al creyente en sus convicciones más íntimas.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
6

Tomado de Internet en Zenit.

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Si alguien recuerda el escándalo que provocó en el mundo islámico el llamado Discurso de Ratisbona, de Benedicto XVI, podría pensar que éste tenía como objeto el Islam. Nada más lejos de la realidad. El discurso trata sobre Cristología. El Pontífice utiliza circunstancialmente y para el ámbito universitario los diálogos entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un príncipe persa. El núcleo de la cita está en las siguientes palabras del emperador: "NO ACTUAR SEGÚN LA RAZÓN ES CONTRARIO A LA NATURALEZA DE DIOS". Rechazaba así el Emperador, y ahora lo hace el Pontífice, el "irracionalismo", especie de fundamentalismo según el cual Dios podría establecer mandamientos contrarios a la razón y la moral humanas, que, sin embargo, tendrían que ser obedecidos. El Pontífice se apoya en el prólogo del evangelio de San Juan: "En el principio era el `Logos’ –Palabra, Razón, Verbo divino- y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios" (Jn. 1.1). Sabemos que el apóstol, divinamente inspirado, está hablando de Jesús, Hijo eterno, Palabra de Dios a los hombres. El hecho de que San Juan utilice la palabra griega `Logos’, que también significa `Razón’, lleva al Pontífice a concluir que el mundo es razonable y por lo tanto inteligible para la ciencia, la filosofía y la teología, cada cual en su ámbito. También el hombre es intrínsecamente razonable. Por último Dios es inteligible y razonable en la medida en que la razón humana puede alcanzarlo. No es contrario a la razón, pero la excede de tal forma que ésta sólo puede conocerlo en la medida en que Dios mismo se nos revela. Benedicto acude a la filosofía helenística la cual, en su esfuerzo por superar las explicaciones mitológicas sobre la divinidad, alcanzó el SER, ese primer "motor inmóvil" origen y mantenedor de todo cuanto existe. Algo que nunca alcanzará la filosofía griega es a descubrir que ese "primer motor" es un Dios personal. La revelación hebraica y la filosofía helenística encuentran su síntesis en la auto-revelación que hace Dios a Moisés en la zarza ardiente: "YO SOY". Al decir YO, Dios se revela al pueblo hebreo como un ser personal. Al añadir SOY, el Creador revela su íntima naturaleza, el Ser, categoría que se puede alcanzar a través de la razón. Dios es y nosotros somos. No de forma idéntica sino análoga. Benedicto XVI se pregunta qué es lo que pasa cuando se separan la revelación y la razón; la fe y la filosofía del ser. Responde acudiendo a tres momentos históricos: a) El racionalismo o idealismo desde Descartes a Kant. Según esta filosofía el objeto de la razón es el pensamiento mismo. Es así que Dios excede a nuestra razón luego no podemos saber nada de El. b) La Teología liberal, que el Pontífice personifica en el teólogo alemán Adolf von Harnack. Este trata de descubrir la persona histórica de Jesucristo despojándola de todas las adherencias teológicas y de fe que considera "mitológicas". c) Por último el Pontífice aborda la necesidad actual de presentar a Jesucristo ante tradiciones culturales no cristianas. ¿Cómo hablar de El a un científico, un evolucionista o un filósofo? ¿Son necesarias adaptaciones culturales? El Pontífice concluye que en el proceso de formación de la Iglesia antigua hay elementos que no necesitan integrarse en todas las culturas, pero que la continuidad entre razón y fe forma parte de la fe misma. Por su parte la Teología da la bienvenida a todo progreso del espíritu humano siempre que no sea contrario a su naturaleza. Termina citando a Sócrates en el Fedón cuando afirma: " Sería comprensible que alguien, molesto por las opiniones erróneas, desdeñara durante el resto de su vida toda conversación sobre el ser; pero de esta forma renunciaría a la VERDAD de la existencia y sufriría una gran pérdida".