Ebrietas (el poder de la belleza)

Libro sobre la belleza desde dentro, a través de los conocimientos y de la experiencia de quien la cultiva como compositor y como director de orquesta.

Cuando un filósofo escribe sobre estética, el resultado constituye en no pocos casos un ejercicio de admirable erudición que no consigue penetrar en la naturaleza de la creación poética. Y al revés; si un artista se lanza a la difícil tarea de describir unos procesos creativos con los que está realmente familiarizado, su fruto carece frecuentemente de profundidad especulativa. La visión que el presente ensayo aporta sobre el arte y la belleza, se asienta sobre una concepción antropológica profundamente humana, anclada en la persuasión de la dignidad e irrepetibilidad de cada persona.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2012
118
978-84-9920-140-5

Edición elegante, cuidada, de lectura muy cómoda. Algunas erratas, pocas.

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Género: 
Libro del mes: 
Febrero, 2013

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Imagen de ML Castro

Se puede escribir de muchas formas sobre cuestiones relacionadas con la Belleza. Cómo esta podría emocionar al espectador, cómo acomete su trabajo el artífice, modela la materia y la transforma hasta que llega a componer una Obra de Arte. Y qué sucede si su voluntad es acercarse a la Belleza o distanciarse de ella. Sobre cómo es ese proceso de trabajo, cómo se cuida el oficio, y el espíritu de la persona que lo ejerce o lo contempla. Cómo vivirlo o cómo mal vivirlo.

En este contexto las teorías de, o las reflexiones en base a, se multiplican. Pero son escasas las ocasiones en las que un ensayo, como género de la literatura, acaricia la Obra de Arte. Acariciar no es tocar teorizar o escribir. Es todo eso y mucho más. Porque a la vez y en paralelo, se acaricia el proceso de trabajo del artífice, sus luchas, sus anhelos, su voluntad por emocionar —que no impresionar—; su deseo ardiente por cultivar la razón y el espíritu de sí mismo, por contagiarlo. Cuando se acaricia un tema, además, se trata con delicadeza, rigor y exhaustividad la voluntad que subyace en el engranaje en torno al Arte: hacer algo que pudiera abrazar la Belleza, embriagar al espectador con una profunda emoción, conducirle a otras dimensiones de mayor trascendencia en la vida de la persona.

Íñigo Pírfano, en su obra Ebrietas. El poder de la belleza, hace justamente esto: acaricia la esencia de la Obra de Arte, acaricia el trabajo del artífice —al propio artífice, a la persona que trabaja y a quien contempla ese trabajo—, y reflexiona sobre ello con enorme respeto y desde las entrañas, porque él puede hacerlo desde su formación en filosofía, como compositor y director de orquesta, y porque a todos los niveles sabe bien de lo que habla. 

En Ebrietas le da a cada uno la autonomía que debe tener. No adorna ni teoriza sobre la música, —ni sobre el resto de disciplinas a las que hace alusión en varias ocasiones: danza, poesía, pintura, escultura, etc.—, con explicaciones que ahogan la propia obra. Aboga por el trabajo riguroso y esmerado del artífice, lo defiende, y ayuda a reflexionar sobre él y sobre cómo emprenderlo o cómo contemplarlo. Propone al artífice y al espectador, a toda persona, un cultivo exquisito del intelecto, y del espíritu. No hay en su disertación rendijas ni dudas. Los pilares fundamentales de la formación de la persona en el camino que conduce a descubrir el poder de la belleza, se dibujan con trazo firme, y se ilustran con citas de referentes incuestionables. 

Cualquier lector —y además un compositor, un coreógrafo, un escritor, un pintor, un escultor— puede encontrar en Ebrietas una referencia precisa y delicada a una filosofía de vida y de trabajo que ordena todas las dimensiones de la persona. Es una lectura sosegada y recogida— paladeándolo, sin prisa por llegar al final— que te lleva a querer más, a otra, e incluso a una tercera revisión del ensayo. Aviva en el lector el deseo de hacer suyas estas reflexiones: contemplar y digerir style='mso-bidi-font-style:normal'>el poder de la belleza, madurarlo, dejarse embriagar por ello.

Imagen de acabrero

El don de la ebriedad. Ser capaz de describir, de mostrarnos a los lectores, qué es, como se siente ese don, como puede el artista o el espectador embargarse de la emoción del arte, es algo que no hubiera esperado, porque me parece muy difícil. El autor de esta obra consigue transmitir unas consideraciones que, sin duda, tienen que ver con su experiencia de la contemplación del arte, y que sirven, a quienes “perdemos el tiempo” en la contemplación, para aceptar una explicación. Profundizar sobre el poder de la belleza me hubiera parecido siempre una vana pretensión, y no hubiera leído este libro de no ser por la recomendación de los amigos, sobre todo de los amigos artistas. Me parece de gran interés para profundizar en lo que tiene de misterioso y de humano el hacer artístico, la inspiración, la emoción contemplativa de las obras de los genios. Creo que es un libro que disfrutarán los amantes del arte, en cualquier faceta, y me parece que es asequible a cualquiera que esté dispuesto a leerlo despacio.

Imagen de JOL

Reúne este libro sus reflexiones sobre el valor del arte, y de la música en particular, a partir de sus experiencias y de abundantes textos de artistas consagrados y teóricos de las formas artísticas. Son abundantes las citas de Stranvinsky, Walter, Hölderlin, Paumgartner, Clair, Zweig o Platón.

Titula la primera parte “Huellas del Absoluto” pues considera la belleza desvelada por el arte como una ventana al absoluto, un modo de sabiduría o ciencia sabrosa, según su etimología. Y utiliza con amplitud el título “ebrietas” como sintonía con los trascendentales clásicos, en clave de intuición con amor, verdad, belleza, o sentido moral. Esta “ebrietas” del arte trasciende la racionalidad para entrar en la intuición trascendental.

Con esto el lector se puede hacer una idea acerca del contenido profundo del libro y más al depender la exposición de su formulación como conferencias y coloquios. Quizá le falte una mejor sistematización para ser leído. Lo veo algo repetitivo y farragoso.

Imagen de amd

Un ensayo breve, pero intenso y especialmente erudito, para recrearse sin tiempo en cada una de sus citas. Con el título de “Ebrietas”, no puede faltar en la obra una primera alusión a Claudio Rodríguez (1934-1999), que con su primer libro de poemas “Don de la ebriedad” obtuvo el premio Adonais con tan solo 18 años. Así, unos hermosos versos de este poeta nos abren el camino hacia la reflexión: “La belleza anterior a toda forma/ nos va haciendo a su misma semejanza”. La obra está compuesta por cuatro capítulos, cuyos títulos son muy significativos para comprender el contenido y el mensaje que nos quiere transmitir el autor: Huellas del Absoluto, El conocimiento por la Belleza, Arte y juego, y La Purificación por el Tránsito. Merece la pena leerlo y quedarnos para siempre con sus lecciones, porque como dice el mismo Pirfano “la posibilidad de dialogar con los grandes nos hace grandes”.

Imagen de cattus

Magnífico ensayo que recomiendo a todo aquel que esté interesado en el arte y sus misterios. Íñigo Pirfano nos transmite su entusiamo -la ebriedad-, por la belleza. Con magníficas citas de autores muy diversos, tanto clásicos como modernos, y con especial hincapié en la música, aunque no faltan las referencias a la literatura, a la pintura..., se trata de indgar en los misterios de la creación partiendo desde dentro. El autor nos ayuda a discernir lo que de verdad es arte, que tiene mucho que ver con la verdad, el bien y la trascendencia, de lo que es oropel o engaño de nuestra época mercantilista y relativista. Tiene el don de la claridad y también la valetía para decir unas cuantas verdades con rigor. Un libro que abre horizontes y perspectivas y que dejan incoadas numerosas preguntas sobre las que se puede profundizar. Y, además, escrito con elegante prosa: ¿qué más se puede pedir?