El lechuguino pálido

Una nueva entrega de los relatos de Don Camilo y el alcalde Peppone. Publicada después del fallecimiento de Guareschi (1908-1968), va precedida de una presentación escrita por el autor lo que nos hace pensar que la había dejado lista para su publicación.

Si hacemos caso a Wikipedia, la serie de Don Camilo se compone de ocho títulos, cinco de los cuales fueron de publicación póstuma. "El lechuguino pálido"es sexto del total, fue publicado en Italia en 1981, y su título corresponde al de uno de los relatos contenidos en el volumen.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1984
182
84-320-3767-2

Serie: Pequeño mundo.

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Leemos en Wikipedia que Guareschi fue anti-comunista movido por sus convicciones religiosas. No fue el único. En el año 1948, los Obispos italianos pidieron a los fieles que votasen a la Democracia Cristiana, ante el riesgo de que la coalición entre el Partido Comunista (PCI) y el Partido Socialista (PSI) ganase las elecciones. Esta circunstancia inspiró al autor el siguiente eslogan: "En la cabina del voto Dios te ve, Stalin no" (ver La vuelta de Don Camilo).

Los partidos de izquierdas, por aquello que se consideran científicos y progresistas, siempre se han posicionado contra la religión y especialmente contra la Iglesia Católica. Sobre esta oposición y en clave de humor tratan los relatos del párroco Don Camilo y el alcalde comunista Peppone. Por otra parte Guareschi tampoco podía ser comunista -lo cuenta en la presentación del libro- porque su hermano se había perdido en el frente del este y en 1948 todavía había en la URSS cien mil prisioneros de guerra italianos.

El posicionamiento de los católicos en contra de los partidos de izquierda tuvo, y aún tiene hoy, una consecuencia indeseada: arrojar a los creyentes a los brazos de los partidos conservadores por deficientes que estos resulten. Guareschi plantea esta disyuntiva en el relato que lleva por título "Don Gildo", que es un joven sacerdote coadjutor de Don Camilo. Don Gildo explica al párroco que los comunistas atraen a los desfavorecidos diciéndoles: "Los curas os prometen el Paraíso en el cielo. Nosotros os daremos el bienestar en la tierra" (pág.162). Concluye que "en lugar de hablar siempre de deberes hay que hablar de derechos, (...) y consolidar los derechos de los pobres", "entrar en competencia con los comunistas" (pág.163).

Don Camilo deja hacer a su coadjutor hasta que la vieja sacristana sentencia que Don Gildo "no es un cura, es un mitin permanente" (pág.164). El terrateniente Filotti deja de frecuentar la iglesia ya que -afirma- el alcalde comunista "me insulta mucho menos". Por último el alcalde Peppone bromea diciendo que le va a ofrecer al coadjutor la capellanía del Partido.

Guareschi también parodia a los sindicatos cuando el campanero se pone en huelga contra el ayuntamiento, que es quien le paga. Peppone sugiere a Don Camilo que toque él mismo las campanas y el párroco responde con ironía: "Yo nunca me atrevería a obstaculizar las justas reivindicaciones de un trabajador explotado. Me inclino ante una sagrada huelga sindical" (pág.129).

Si nunca segundas partes fueron buenas, la sexta entrega de la saga de Don Camilo resulta más floja y menos divertida que las primeras. El originalísimo Cristo del altar, que dialoga con el párroco, a penas interviene en este volumen. Considero que con leer los primeros de la serie basta para conocer y disfrutar de los personajes creados por este autor.