El personal

Hay una acepción de la palabra personal que no consta en el Diccionario de la Academia Española y que, sin embargo, anda en uso entre la clase popular, cuyo lenguaje es siempre más expresivo que el de los cultiparlistas.

El personal, para el inculto parlante (menos culto, pero más parlante, como queda dicho) significa la gente, toda la gente, sin distinción de clases, de edades ni de sexo. Ahí cabe el lugareño y el perilustre, el zafio y el personudo. Somos todos. Hay «mucho personal» en una calle, espectáculo o transporte público cuando puede contarse un crecido número de personas. De ellas trata este libro: niños y ancianos, ricos y pobres, tristes y gozosos. Nosotros, en fin, los que vamos y venimos por el mundo haciendo bulto. Usted y yo, sin ir más lejos.

No es la primera vez que para dividir un libro en porciones, cosa que es usual hacer con los libros y con los quesos, cada pedazo lleva el nombre de una estación. No me importa repetir el sistema. También los años se repiten: invierno, primavera, verano, otoño y vuelta a empezar. A nadie se le ocurre quejarse de que los años vengan repe. ¿Por qué habrían de criticar el que uno, en su pequeñez, haga lo mismo?

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1975 Ediciones Destino
223
84-233-0926-6
Valoración CDL
0
Valoración Socios
0
Sin votos
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

Comentarios

Imagen de TaMaGo

Este libro es un espejo de la vida cotidiana. Mercedes Ballesteros nos invita a observar “el personal”, es decir, toda la gente que hace el mundo bullicioso y diverso: niños, ancianos, ricos, pobres… Cada estación del año marca un nuevo capítulo de historias breves que retratan la humanidad en su esencia más simple y compleja a la vez. Es un libro para detenerse, mirar alrededor y reconocer que todos somos parte de ese gran “personal” que camina, ríe y sufre en las calles, plazas y transportes del mundo.