Exégesis de los lugares comunes

Poeta místico encerrado en la sempiterna contemplación de las armonías invisibles y su criptografía, despiadado polemista ( entre la delicadeza y la furia), antimoderno ( en el sentido que de la Antoine Compagnon) y profundamente antiburgés. León Bloy empezó a escribir es 1900 esta exégesis de los lugares comunes, que continuo en 1913 con una segunda entrega. Su objetivo final era retratar a los imbéciles, lamentables y definitivamente idiotas de este siglo. De lectura feliz, singularmente rotundo e invectiva, el libro diseca una colección de frases hechas que atestiguan tanto su vaciedad estricta como la de quien las formula. Un retrato inmisericorde hecho por quien – en palabras de Remy de Gourmont – fue uno de los mejores creadores de imágenes que haya dado el mundo.

Ediciones

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2007
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Imagen de concha

Bloy como siempre un pedazo de mula, la tronante voz de los profetas, puede convertirse en el dulce cántico de jóvenes doncellas al lado de este León. Para empezar nos invita a hurgar en las cabezas de los imbéciles, y sigue arremetiendo contra el burges que según su definición el es hombre que no hace ningun uso de la facultad de pensar y que vive o parece vivir sin haber sentido un solo día la necesidad de comprender cosa alguna y que entiende por vivir satisfacer todas las funciones digestivas, dormitivas o reproductivas reconocidas en las diferentes especies animales, pero, por encima de todo, ganar mucho dinero. Si alguien quiere escandalizarse, que se deje de tonterías conspirativas, templarias, masónicas, nueva era y demás idioteces y que lea este libro, pero antes que se ate los machos.