Fouché

Joseph Fouché (1759-1820) fue uno de los personajes más controvertidos de la Revolución Francesa. Votó a favor de la muerte de Luis XVI y María Antonieta y fue responsable de sangrientas represalias. En julio de 1799 pasó a ser Ministro de la Policía del Directorio y se convirtió en cómplice activo del 18 Brumario. Napoleón lo mantuvo en su puesto de ministro de Policía. Tras la abdicación de Napoleón trabajó a fin de conseguir el retorno de Luis XVIII, quien lo mantuvo en las funciones de ministro.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
232
2011
288
978-84-92649-83

Subtítulo: Retrato de un hombre político

Colección: Acantilado

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Imagen de Rubito

Interesante obra sobre el " traidor de traidores" como le han llamado,hombre que nunca votó por nadie, únicamente por si mismo.
Profesor y sacerdote en 1770, saquea iglesias en 1772, comunista en1773, multimillonario cinco años despues y Duque de Otranto más tarde.
Hizo misas negras, profanó bestialmentelo lo más sagrado, asesinó a curas por llevar sotana, hizo bautizos civiles (como ahora).
Si las cosas iban mal desaparecía y a veces traicionaba a dos o tres grupos a la vez.
Muere solo y miserablemente.
Como es natural en este autor, las descripciones, profusión de datos, situaciones, intrigas estan maravillosamente descritas, así como el analisis sicológico del tenebroso personaje, el cual es, a la vez, para olvidar y para recordar.
En resumen, una magnífica obra de un pésimo personaje.

Imagen de rocio meca

Con una magistral capacidad de análisis y su habitual y deslumbrante talento para recrear atmósferas y espacios del pasado, Zweig traza el retrato psicológico de este traidor de nacimiento, eterno intrigante y dueño de una escurridiza naturaleza. Su biografía es el apasionante relato de una época que va de la Revolución Francesa hasta la decadencia y postrimerías del Imperio napoleónico.

Creo que en este breve resumen es difícil perfilar la figura que en esta novela se describe. Un hombre inteligente, prudente, trabajador, tenaz que tuvo un protagonismo, a veces poco conocido, en la historia de Francia. Todas esas cualidades, sin embargo, sirven a su excesivo amor propio y afán de poder, que es capaz de conquistar por medio de las jugadas menos esperadas para los amigos y cercanos.

El traidor no nace, se hace, poco a poco, guardando silencio cuando debía hablar, desapareciendo cuando debía comparecer, acompañando a su enemigo cuando le compensa forjar amistad con él para obtener sus intereses. Un hombre difícil de superar en inteligencia. El traidor es un hombre, en este caso, que se camufla y se esconde, pero salta y ataca cuando tiene cerca la victoria. Un hombre como él pasa de la tonsura y la enseñanza a sacerdotes a las sanguinarias matanzas de Lyon en las que no tuvo ningún escrúpulo de hacer fusilar y guillotinar a aquel que le convenía con tal de continuar ejerciendo poder. Fouché no se rinde tan fácilmente cuando se trata del poder: lo agarra con los dientes. Incluso el mismo Napoleón sabe que es su enemigo pero que a la vez no puede prescindir de su trabajo y capacidad. El traidor también cae y es desterrado y a pesar de ello su sangre y su mente ya quedan envenenadas por la traición, inicia de nuevo la acción y siempre con éxito, hasta que la historia determina su destino final: el honor se enfrenta a la traición, que cae de forma definitiva.

Algunos dicen que ni siquiera desde la tumba este terco ocultador revela toda la verdad: incluso en la fría tierra, se lleva celoso sus secretos para seguir siendo él mismo un secreto, una figura que nunca revela todo. Pero precisamente por eso sigue atrayendo a practicar los juegos inquisitoriales que tan magistralmente practicó: a descubrir, por un rastro fugaz y huidizo, todo el intrincado camino de su vida, y, por su cambiante destino, la estirpe intelectual de este hombre, el más extraño de los políticos.