Juan Pablo II, ese desconocido

Como reza el subtítulo de la obra se trata de una colección de anécdotas que tienen como protagonista al papa Juan Pablo II, junto con las reflexiones que éstas suscitan en el autor sobre su figura y su pontificado. Miguel Ángel Velasco justifica el título de su obra: “Juan Pablo II, ese desconocido”, afirmando que el papa fue un desconocido para muchos en su vertiente humana. Podría ser, pero no es fácil, ya que, como Nuestro Señor Jesucristo, también él pudo decir: “Todo lo que he hecho lo he hecho delante de los hombres”.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1998
205

Subtítulo: Anécdotas humanas de un Papa fascinante. Planeta: Colección Testimonio.

Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

3
Género: 

Comentarios

Imagen de enc

El libro está publicado en 1998 con motivo de los veinte años de pontificado de Juan Pablo II. En ese momento la popularidad del Papa era tanta que es lógico pensar que algunas editoriales estuvieran dispuestas a publicar cualquier cosa sobre él, incluso una colección de anécdotas y reflexiones. Miguel Ángel Velasco había sido corresponsal de YA en Roma entre 1978 y 1982 y acompañó al Pontífice en muchos de sus viajes. Utiliza material de aquella época. No es fácil saltar de las anécdotas a las reflexiones y viceversa, por ello, aunque Miguel Ángel tiene mucho oficio y el libro es ameno y entretenido, no es muy didáctico; es decir, no termina con unas conclusiones. Quizá lo que queda más claro de todo es la justificación de los viajes del Papa. Para el autor Juan Pablo II no espera a que los problemas de la Iglesia lleguen a él, sino que sale él mismo en su busca con ánimo de colaborar en su resolución. Cuenta Velasco como en una parroquia romana un niño preguntó al Papa porqué viajaba tanto. Juan Pablo II le contestó. “¿Has leído lo que dijo Jesús en el Evangelio? Id por todo el mundo y predicad. Así que eso es lo que yo hago”. Y Velasco apunta: “Sus viajes recosen y remiendan los descosidos, tan lacerantes, del tejido cristiano, confirman en la fe y en la esperanza, recuerdan la doctrina, y, además, son una permanente defensa y tutela del ser humano y su dignidad, de la vida, desde el primer instante de la concepción hasta su último aliento. De toda vida humana, sin distinción alguna y, en todo caso, primero de los más necesitados”. Es una buena síntesis. Posiblemente ya no sea el momento de recordar las anécdotas de la vida de Juan Pablo II, a quien tanto quisimos, sino de profundizar en el legado de las enseñanzas que nos dejó por medio de sus libros, cartas y encíclicas.