La ansiedad

Obra de divulgación acerca de la ansiedad como fenómeno psicológico y enfermedad del ánimo. El autor expone el concepto, sus posibles causas, las formas que adopta y la diferencia con otras emociones afines. Igualmente aborda las relaciones entre ansiedad y depresión -desmoralización- que considera enfermedades vinculadas.

El libro va dirigido a estudiantes y médicos de familia, pero no abusa de términos técnicos y es muy sistemático por lo que resulta fácil de entender por aquellos que no pertenecen al área sanitaria pero están interesados en los fenómenos psicológicos.

El doctor Jerónimo Sáiz fue alumno de la Universidad de Navarra y es considerado como uno de los tres psiquiatras más destacados que ha dado nuestro país.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1993
221
978-84-87560-36-9

Colección de monografías Dígame, Doctor.

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"Los trastornos de ansiedad -escribía el autor en 1993- son el problema psiquiátrico más frecuente". La ansiedad endógena -esto es, generada por el propio sujeto- se define como un temor irracional que lleva al individuo a portarse de forma anómala (pág.39). Podemos hablar de un error en la percepción que el sujeto tiene de si mismo, su misión en la vida, el entorno y las relaciones humanas (pág.156). La ansiedad, que en su origen es una emoción positiva dirigida a superar los obstáculos -piénsese, por ejemplo, en una competición deportiva o en una entrevista de trabajo-, se convierte en patológica cuando es intensa, persistente e injustificada. Cuando es permanente se habla de un trastorno de ansiedad generalizada.

Una de las dificultades que presenta la enfermedad ansiosa es el gran número de las emociones relacionadas y términos empleados para designarlas. Además de la ansiedad el autor habla de intranquilidad, crispación, tensión, miedo, estrés, competitividad exacerbada, inestabilidad nerviosa, angustia, congoja, desasosiego, agobio, sobresalto o pánico. Se trata de emociones difíciles de definir y clasificar distintamente. La mayoría de ellas no denota enfermedad, solo cuando afectan al sujeto de forma negativa y permanente. El autor advierte que hay que distinguir el trastorno ansioso de las contrariedades normales que toda existencia comporta (pág.129).

Ansiedad y depresión -el autor introduce acertadamente el término desmoralización- son complementarios: "De hecho -escribe- es excepcional encontrar deprimidos que no presenten ansiedad" (pág.121). Ante el fracaso de sus esfuerzos ansiosos el enfermo se hunde en la desesperanza, inhibición o insomnio; es fácil que desarrolle una fobia social que le lleve a aislarse, lo cual acentuará la depresión. Existen grados en el síndrome ansioso-depresivo pero puede llegar a incapacitar al sujeto para el cumplimiento de sus obligaciones personales, familiares y laborales. Además, con frecuencia tratará de ahogar su frustración con el alcohol y en casos extremos puede llegar al suicidio (pág.192).

El doctor Sáiz hace un enfoque extraordinariamente humano de lo que llama psicoterapia de apoyo, que puede ser iniciada por el médico de familia y exige empatía con el enfermo, escucha, comprensión no exenta de firmeza, clarificar las situaciones angustiosas y favorecer pequeños cambios que ayuden al enfermo en su vida diaria (pág.150). Esta actitud debe ser compartida por los familiares. Cuando la situación se prolonga se recurrirá a un especialista, médico psiquiatra si el enfermo precisa medicación. El autor advierte contra un tratamiento exclusivamente farmacológico ya que disimula los síntomas sin abordar los problemas de fondo. Sin restar valor al psicoanálisis, considera que no es operativo para la mayoría de los pacientes (pág.152).

El autor considera terapia racional-emotiva aquella que utiliza el razonamiento y la persuasión para erradicar en el enfermo creencias erróneas -que posiblemente arrancan desde la infancia- para sustituirlas por otras más lógicas; por ejemplo la creencia de que necesita la aprobación de todos los que le rodean o la pretensión de que las cosas se desarrollen siempre conforme a sus deseos (pág.156). Es fundamental hacer un balance de la vida del enfermo, descubrir cuáles son sus auténticos proyectos e ilusiones, valorar lo que contribuya a su realización y qué es lo que produce su destrucción (pág.196). En todo caso se trata de devolver a la persona la autoestima y una correcta seguridad en si mismo/a.

En el aspecto moral, Sáiz recomienda al enfermo evitar el egocentrismo de pensar constantemente en sí mismo y sus problemas e interesarse por los demás (pág.197). Cuando la ansiedad esté causada por el perfeccionismo y la hiperresponsabilidad aconseja dedicar un espacio de tiempo a actividades gratificantes y plantear al enfermo objetivos en ese ámbito (págs 196-197). Se trata de consideraciones obvias, pero que el paciente necesita escuchar, asumir como propias y poner por obra.