La esencia del cristianismo

Ediciones cristiandad ha tenido el acierto de reeditar este trabajo, junto a otro interesante trabajo del mismo autor, "Una ética para nuestro tiempo". Es conocida la tesis del teólogo italo-alemán sobre la esencia del cristianismo, constituida por Jesús de Nazaret, por su existencia, su obra y su destino concreto, es decir, por una personalidad histórica. El cristianismo no es, en último término, ni una doctrina de la verdad ni una interpretación de la vida. Es eso también, pero ahí no está su esencia nuclear, sino en Cristo, que determina todo lo demás. Moisés, los profetas, los apóstoles, incluso Buda son todo lo más portadores de un mensaje, pero obreros al fin en esa gran obra. Cuan diferente es, sin embargo, la posición de Jesús en el orden religioso proclamado por Él, al exigir seguimiento a su persona

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
360

Subtítulo: Una ética para nuestro tiempo

2007
360
978-84-7057-517-4
1964
108
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4
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La esencia del cristianismo es un breve tratado sobre la preeminencia de Cristo en la Iglesia, en la Creación y en la Historia. Guardini niega que la esencia del cristianismo esté en la doctrina, en la moral o en la misma comunidad de los creyentes. Para el autor la esencia del cristianismo no es otra que Cristo mismo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Logos divino; causa y modelo de la creación. Se trata de una apreciación teológica que en nada disminuye el papel de la Iglesia en la historia, pero nos ofrece la clave para superar el aparente enfrentamiento entre Dios y su creación; entre la Iglesia y el mundo. Cristo no es sólo la causa ejemplar de la creación sino también su causa final: "La creación toda gime con dolores de parto esperando ser liberada de la caducidad". Mientras en 1929 Guardini escribía estas cosas, Teilahrd de Chardín especulaba sobre el "Cristo cósmico" y Josemaría Escrivá recordaba a los que le seguían aquellas palabras de Jesucristo: "Yo, cuando sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí". No a todos, sino también todo: la cultura, la economía, las relaciones sociales y la misma naturaleza. Se ha hablado de Guardini como precursor del Concilio Vaticano II en busca de una Iglesia más "cristocéntrica". Esto sólo es cierto en un sentido teológico, porque desde los inicios del cristianismo los santos ya habían vivido esa identificación. "Mi vivir es Cristo" -escribe San Pablo. Cuando después del Concilio se quiso dar un giro cristocéntrico no a la Teología, lo cual hubiera sido correcto, sino a la devoción; por ejemplo tratando de "resituar" la devoción a la Virgen y a los santos, únicamente se produjo confusión. Nuestro Señor Jesucristo ya estaba en el corazón de su Iglesia, de su Madre Inmaculada y en el corazón de los santos. Ahora lo que procede es ponerlo en el centro de la sociedad y de la vida de los hombres sobre la tierra: "Instaurare omnia in Christo". Conducir a Cristo todas las cosas.

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Estamos
ante dos libros del autor, publicados originariamente por separado y vueltos a
publicar por Ediciones Cristiandad el 2002, con dos reediciones posteriores. Esto
dice ya mucho de la calidad de lo que tratamos. En realidad son dos obras
distintas.

 

En
la primera “La esencia del Cristianismo” encontramos un estudio
exegético detenido sobre la figura de Jesucristo. Cualquier persona
atenta a las diversas realidades religiosas podría preguntarse sobre lo
esencial en el cristianismo. Guardini nos dice que no
hay una determinación abstracta, ni una estructura doctrinal, nada que pueda
separarse de Cristo mismo. Lo que es cristiano es porque es de Cristo, procede
de su persona, lo vemos en Él. Por lo tanto no tiene sentido buscar
categorías universales, unas teorías generales, modos de
comportarse o de hacer; sólo tenemos que buscar a Cristo. Aún cuando
al cristiano le sirvan unas normas éticas, que provienen
del Antiguo Testamento, y más allá, de la
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naturaleza misma del hombre, en realidad
más que en los 10 mandamientos nos fijamos en Jesucristo. Es lo que class=SpellE>Guardini llama el escándalo de Jesús: “Habéis
oído que se dijo..., pues yo os digo...”. “En verdad en
verdad os digo...”. “Enseña como quien tiene autoridad”.
Es la religión del Amor, pero sobre todo del Amor de Cristo.

 

La
segunda parte de este libro corresponde al Subtítulo: “Una ética
para nuestro tiempo”, y es una relación de estudios sobre
virtudes, que sin duda podríamos calificar de cristianas. Sumamente interesantes
estas consideraciones que hace le autor sobre la vida misma de los hombres y lo
que tendría que ser un comportamiento cristiano. Podemos decir que con desigual
acierto, al menos en mi opinión, pues hay estudios sobre el orden, la
veracidad, la paciencia, etc., que resultan tremendamente sugerentes y útiles,
y hay otros –concentración, altruismo- que resultan un tanto
extraños para la mentalidad del hombre del siglo XXI. En conjunto es de
gran interés y el lector no quedará defraudado en toda la extensión
del libro.