La lanza templaria

La acción de la novela transcurre en el marco de la cuarta cruzada. Un grupo de templarios recibe la misión de rescatar la Santa Lanza del centurión Longinos, que se venera en la catedral de Santa Sofía de Constantinopla. Entre quienes pretenden hacerse con una reliquia a la que se concede un alto poder se encuentra una esotérica Fraternidad Blanca que, a través del Temple, pretende dominar el mundo. Es Fraternidad tiene como mentores a Dan Marrone y Roberto di Langdoni, quienes tratan de convencer al protagonista, el templario Álvar Mozo de que él es el descendiente de Jesús y María Magdalena, y el último rey merovingio.

La trepidante aventura parte de la Vera Cruz de Segovia y recorre el Languedoc, la Lombardia, la Venecia que emerge como potencia marítima y, por último, Constantinopla. En ella aparecen personajes señeros del momento como Domingo de Guzmán, Francisco de Asís o Joaquín de Fiore.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006 Martínez Roca
374
978-84-270-3298
Valoración CDL
3
Valoración Socios
2.5
Average: 2.5 (2 votes)
Interpretación
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Género: 

Comentarios

Imagen de pepo

Novela histórica entretenida pero poco más.
Trata con poco respeto a personajes históricos como Santo Domingo de Guzmán así como a las mismas cruzadas. 

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Es esta una novela de aventuras, de intrigas palaciegas, desaciertos políticos, épicas fracasadas y amores repentinos, ambientada en una época crucial para el desarrollo de Occidente pero poco conocida para el gran público, la que tiene lugar hacia el año 1.200, cuando la capital del imperio de Oriente, Constantinopla, es tomada por los cruzados, instaurando el primer rey latino en un imperio que, desde entonces, ya no volverá a ser el mismo y que sucumbirá luego a las huestes de Mehmet II en 1.453. Sesenta años duró la presencia cruzada en Constantinopla hasta que Miguel Paleólogo la retomó para su antigua estirpe. De los excesos de aquel fracaso promovido por Inocencio III, no olvidemos que el fin era la conquista de Jerusalén; y de una conspiración para trasladar la lanza que atravesó el costado de Cristo, que se encontraba en Santa Sofía, trata la novela.
El protagonista, Álvar Mozo, es un templario al que se le encomienda la recuperación de la lanza porque se supone que quien la posea recuperará Jerusalén. Lo que sigue es una trama que puede confundirse con el thriller, pero que pertenece al género de la novela de aventuras más genuino. Las descripciones están aquí ahorradas en vistas de una profusión de diálogos que establecen una acción que tiene mucho de cinematográfica.
La novela sigue con fidelidad el género y la entrada del grupo de almogávares da pie para que el lector se familiarice con aspectos poco conocidos de nuestra Historia. La trama gana en intensidad según va transcurriendo la acción porque esta se hace más compleja. Para mí, la parte más lograda tiene que ver con la entrada de los latinos en Constantinopla y la presencia de Sofía Comneno ante Álvar, que posee en la descripción del encuentro esa majestuosidad que se busca en las narraciones que se quieren épicas. También el modo en que De Diego describe las maravillas que esconde la ciudad y la perplejidad ante la mezcla de impiedad política y creencia en lo providencial que caracterizaba la época. De esos finos detalles se deducen buenos logros. De ahí el afortunado resultado.
(De Juan Ángel Juristo en ABC)

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Según el autor, la novela “es una reflexión sobre el bien y el mal, sobre la tentación del poder. Me interesaba la IV Cruzada porque, con el saqueo de Constantinopla, varía el fin del movimiento cruzado y exigió una sublimación ideológica, un conjunto de coartadas que condujo a la mera justificación por el éxito. Coincide con un tiempo de cambio, en el que surgen con fuerza las ciudades revolucionándolo todo”.

Para Enrique de Diego, “la literatura esotérica está invadiendo la novela histórica y convirtiendo la historia en una caricatura”. Además, “el ataque sistemático al cristianismo, clave del éxito del Código da Vinci, es manifestación clara del odio a los valores occidentales; de ese odio a Occidente que los autodenominados intelectuales llevan vertiendo décadas, y que es una de las más curiosas y perniciosas enfermedades del espíritu en nuestra sociedad actual”.

“Si se dedicara una milésima parte del esfuerzo gratuito que se dedica a demoler el cristianismo en criticar el integrismo islámico éste tendría los días contados”.