La puerta de la paz celeste

Una joven universitaria, cabecilla de los estudiantes de la plaza de Tiananmen, consigue huir, ayudada por un camionero. Un teniente del ejército la busca, sin más pistas que el diario de la chica, que los soldados han requisado. La autora narra la lucha por la libertad de su protagonista con elaborada sencillez y con unas cualidades literarias que le fueron reconocidas al obtener con este libro, en 1998, la Beca Goncourt. CDL

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001
108

El relao es la vida de esta joven china que consiguió escapar de la plaza de Tiananmen y la búsqueda de un soldado que ha surgido de una familia sencilla, educado en el más total comunismo, encuentra el diario de la chica y se va transformando al ir conociendo los sentimientos y el mundo interior de la joven. Está muy bien escrito.

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(Reseña de marian v.): Aunque el título es un poco penoso (puede que en Chino, no quede tan mal...) el libro es fantástico. Se trata de un breve relato escrito por una joven escritora que abandonó China después de la matanza de Tiananmen. La trama gira en torno a Ayamei, que es en la historia una de las cabecillas de la revuelta de los estudiantes (quienes, como se sabe, fueron masacrados por el ejército). Sorprende la sobrecogedora visión oriental de la naturaleza y de la muerte.

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Shan Sa (1973) lleva viviendo en París desde 1990, un año después de los hechos de Tiananmen. Con la publicación de La Puerta de la Paz Celeste se suma a la lista de escritores chinos emigrados o exiliados en Occidente que a los pocos años de haber llegado a su nuevo país de acogida abandonan la lengua china y adoptan una nueva lengua para expresarse: Ying Chen en Quebec, Ha Jin en Estados Unidos o Dai Sijie en Francia son casos recientes, con éxito de crítica y de público y con acceso al mercado internacional de traducción a distintas lenguas.

La Puerta de la Paz Celeste obtuvo el Premio Goncourt a la primera novela en la edición de 1998, lo cual no deja de producir una cierta perplejidad, tratándose de un librito elemental y algo oportunista, que a lo sumo puede calificarse de bienintencionado. El francés de Shan Sa es simple pero efectivo. En una tradición de escritura como la francesa, que tiende al preciosismo, Shan Sa sigue la lección de espontaneidad calculada del que fuera su primer libro leído en francés: El extranjero de Albert Camus. Por ahí no hay problema. Sin embargo, la literatura de Shan Sa merece el calificativo de ingenua que la mayoría de la Prensa española aplicó ­por error­ a la literatura del Nobel Gao Xingjian al día siguiente de la concesión del premio, al traducir erróneamente el ingenuity (ingenio) que le aplicó la Academia sueca. Y lo merece no por la calidad de la dicción, sino por el esquematismo de la ficción. Los protagonistas son una joven dirigente de los estudiantes de la plaza de Tiananmen, pura y rebelde, y un soldado del Ejército de Liberación, también puro pero manipulado. El relato arranca el día posterior a la matanza del 4 de mayo del 1989, cuando se encarga al soldado que busque a la joven dirigente. Ésta se escabulle por el continente chino, dejando tras de sí un diario personal que enternece al soldado, y perdiéndose finalmente en un bosque mitificado. La novela sofistica e invierte el modelo de folletín político y de idealismo revolucionario que el maoísmo legó en herencia, al afrancesarlo en estilo y aplicarlo a nuevos planteamientos políticos. Hay momentos de belleza y un inicio con intriga que conduce a la decepción.