Las ideas de Ada

En esta biografía ilustrada, Fiona Robinson capta la mente creativa y el genio matemático de una figura poco conocida y, sin embargo, significativa en la historia de la informática: Ada Lovelace. Hija del controvertido poeta Lord Byron y de la matemática Anne Milbanke, su imaginación y su facilidad para las matemáticas llamaron la atención del inventor Charles Babbage, que estaba trabajando en los planos para una computadora extraordinaria. Solo le faltaba encontrar a alguien para programarla... 

Ideal para los jóvenes genios de la informática, los inventores y los soñadores, este libro sobre la primera programadora del mundo destaca el maravilloso potencial de sumar conocimientos y una imaginación ilimitada. 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2017
40
978-84-261-4480

Traducción de Susana Tornero

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Álbum ilustrado sobre la historia de Ada Lovelace, considerada la primera programadora informática del mundo. Ada (1815-1852) fue hija del poeta Lord Byron y de Anne I. Milbanke, una dama rica y culta, de amplios conocimientos matemáticos. Poco después de su nacimiento, el matrimonio se separó y la niña quedó al cuidado de su estricta madre. Gracias a ella, tuvo una educación muy completa, pero rígida y severamente organizada, donde las matemáticas tuvieron un papel fundamental.

Contemporánea de personajes célebres como Dickens, Faraday y Mary Somerville (famosa matemática que fue su tutora), vivió la Revolución Industrial y quedó fascinada por las nuevas fábricas y su maquinaria. Así conoció al inventor Charles Babbage, que le propuso a Ada crear un algoritmo para utilizar un nuevo artilugio, una calculadora llamada la máquina analítica, capaz de realizar complejos cálculos matemáticos y que está considerado el primer diseño del ordenador actual. Casada con el conde Lovelace, tuvo tres hijos y compaginó su vida familiar con sus estudios y publicaciones.

Por su contribución a estos estudios, el lenguaje de programación “Ada”, creado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, fue nombrado así en homenaje a Ada Lovelace. Y a su estándar (aprobado en 1980 más de cien años después de los estudios de Ada) se le dio el número del año de su nacimiento (el lenguaje MIL-STD-1815).  Por otra parte, en el Reino Unido, desde 1998, la British Computer Society ha creado el premio “Lovelace Medal” (medalla Lovelace) en su honor.

Así pues, la lectura de este libro resulta interesante por los temas propuestos como la importancia del estudio y de la formación a lo largo de toda la vida, así como el valor de la constancia en el trabajo, de la creatividad y de la imaginación. Tanto el texto como las ilustraciones son obra de Fiona Robinson, que en una nota final explica la labor de producción de estas últimas: “Las ilustraciones han sido creadas con acuarelas japonesas sobre papel Arches. Las pinturas luego se recortaron empleando más de quinientas hojas, unidas y pegadas a diferentes profundidades para crear las imágenes finales en 3D”.  ​