Ligero de equipaje. Tony de Mello.

Recoge el último cursillo impartido por Anthony de Mello, al cual asistió Vallés, dos meses antes del fallecimiento del psicólogo y pensador indio. Incorpora otros textos y datos biográficos.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1987 Sal Terrae
226

21 edición del año 2007. Subtítulo completo de la obra: "Tony de Mello, un profeta para nuestro tiempo"

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Las obras de Tony de Mello han alcanzado notoriedad en el mundo católico, han sido traducidas a muchas lenguas y objeto de sucesivas ediciones. Desgraciadamente también han merecido la atención de la Congregación para la Doctrina de la Fe que, en 1998 y siendo Prefecto de la misma el Cardenal Ratzinger, publicó una nota (puede consultarse en Internet) señalando los puntos en los que las obras del autor son incompatibles con la fe católica y pueden causar al lector no advertido un grave daño; considero que la publicación de las mismas por "Sal Terrae" sin ir acompañadas de la advertencia de la Congregación vaticana constituye una deslealtad con el lector. Tony de Mello nació en la India en 1931 y falleció en Nueva York en 1987. De familia católica profesó como jesuita y fue ordenado sacerdote. Sus superiores le enviaron a los EE.UU. a estudiar Psicología. De vuelta a la India se dedicó a la dirección espiritual y a la investigación religiosa, desde los presupuestos de la psicología e influido por la religiosidad oriental. "El periodo de las certezas ya ha pasado" –proclama De Mello- y concibe la liberación como la liberación de los condicionamientos interiores. "Decid de mí que fui un hombre libre"-pide. Como psicólogo utiliza la razón paradójica, de hondas raíces evangélicas y bíblicas; así hace ver a los que le escuchan que no es el dolor lo que les hace infelices, sino su propia voluntad al rechazarlo. "No esperes a que pasen éstas o las otras circunstancias para ser libre y feliz. O lo eres en las actuales circunstancias o no lo serás nunca". De Mello recomienda utilizar los sentimientos para profundizar en el conocimiento propio y aceptarse como uno mismo es ya que Dios nos acepta y nos ama de esa manera. Como director de almas De Melo señala: "El problema de llamar a Dios Padre es que antes o después se va a convertir en un `Progenitor crítico`, que nos juzga, nos amenaza con un castigo y nos hace sentir culpables. No es que Dios haga esto, pero ésa es la imagen que muchos creyentes llegan a formarse y es altamente perjudicial para la vida del espíritu. Es una caricatura de Dios dolorosa, pero no infrecuente. Una religión basada en el miedo no puede llamarse Buena Nueva". Aunque las advertencias son correctas el rechazo a considerar a Dios como "Padre nuestro" apesta a freudismo. El recopilador de los textos, González Vallés, que afirma seguir fielmente el pensamiento de De Mello, añade: "Doctrina muy bella pero difícil de reconciliar a nivel de lógica con las sombras del juicio final y del infierno eterno que todavía siguen siendo dogmas de Fe". El comentario es de una simpleza que asusta y más cuando De Mello ya había señalado, como antes otros autores católicos, que en Dios se da la conciliación de los opuestos, por ejemplo la suma justicia junto con la infinita misericordia. En el aspecto moral De Mello relativiza el pecado, que imputa a los condicionamientos cerebrales de los que habría que desprenderse. Para él ya el mero hecho de pedir perdón y concederlo supone reconocer una culpa que no es tal. Por último invita a los oyentes a prescindir del yo personal con el argumento de que sólo Dios puede decir: "Yo Soy". Este argumento lo contempla perfectamente la teología tomista al distinguir entre el ser por esencia y el ser por participación, pero evidentemente en la época en la que trabaja De Mello ya no se estudia la filosofía tomista. De Mello acude a la experiencia de los místicos para explicar lo que supone la destrucción del yo; pero aparte de que no todos somos místicos, ignora los aspectos espiritual, doctrinal y moral por los que rezamos a Dios: "Yo, pecador…". El libro recoge un artículo publicado en 1982 por De Mello en el que niega el valor de las palabras, de los conceptos, que califica como "occidentales", y aun de los dogmas para conocer a Dios y propone el silencio como forma de oración y vía de conocimiento. La Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe a la que me he referido más arriba relaciona muchos errores contenidos en las obras del autor; yo me he limitado a comentar los textos recogidos en el libro de González Vallés. Mi punto de vista es que Tony de Mello posiblemente fue un psicólogo y pedagogo valioso que no fue capaz de mantenerse dentro de los límites de esa ciencia y trató de racionalizar la doctrina católica y la teología a partir de la psicología. Posiblemente también la cercanía de la religiosidad oriental le indujo a ello. Según comenta Vallés los autores preferidos de De Mello eran Krisnamurti, teofísico indio, Alan Watts, al que define como teólogo cristiano y budista, y Bertrand Russell, confesadamente agnóstico. Ello debe servirnos de advertencia sobre algo permanentemente comprobado: el mal resultado que produce en muchos católicos no discriminar las lecturas que realizan, sobre todo cuando éstas son de carácter religioso. En la misma línea que este autor, pero con mejores resultados, puede consultarse el libro del médico y sacerdote Juan Bautista Torelló: Psicología y Vida Espiritual, Rialp, Madrid, 2008.