Los árabes de las marismas

Escritor y explorador británico, Thesiger convivió durante siete años con las tribus que vivían en el sur de Irak, en las marismas formadas por la confluencia de los ríos Tigris y Eúfrates. Los madan viven en islas artificiales, formadas por vegetación lacustre, y se mueven en canoas. Crían búfalos de agua, cazan, pescan y, aquellos grupos que poseen tierras, cultivan arroz. De cultura islámica, están gobernados por jeques, teóricos propietarios del territorio. Publicado en 1964, el autor supone que estas tribus habrán desaparecido en la actualidad debido a la emigración a las ciudades.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001
239
84-830-73-544

Publicado en 1964.

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Tan interesante como el libro mismo es la personalidad de su autor. Thesiger forma parte de esos colonizadores y viajeros británicos que se identificaron con los pueblos en medio de los cuales vivían. Nacido en Adis Abeba, hijo de un diplomático, el autor estudió en Eton y Oxford. Durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de las Fuerzas Aereas del Norte de Africa, a las que también perteneció Roal Dhal. Después de la guerra se estableció en Irak.

Entre los árabes era conocido como Mubarak bin London y manifiesta sentirse más a gusto en las chozas de los árabes que en las viviendas de los jeques y funcionarios occidentalizados. No obstante, cada dos meses visitaba la ciudad de Basora para darse una ducha, recibir correo y completar su repuesto de medicinas. Aunque no era médico, su conocimiento de las enfermedades tropicales le permitía administrar los medicamentos adecuados. También practicaba la circuncisión a aquellos que se lo pedían.

El autor relata un episodio interesante, cuando un sayid -teórico descendiente del Profeta- reprocha a sus convecinos que se contaminen comiendo con un infiel. El dueño de la casa le responde: "Soy un simple madan, no un teólogo, pero siempre me ha parecido que los ingleses eran más puros que nosotros. No mienten, no aceptan sobornos y no oprimen a los pobres. Nosotros, los musulmanes, como bien sabes, hacemos todas esas cosas. Pero la cuestión no es ésa. Este inglés es mi invitado" (pág.128).

Entre los muchos e interesantes detalles de la vida de estos árabes que relata Thesiger el más duro es el de las deudas de sangre. Cualquier muerte causada a otro, aunque sea accidental, debe ser pagada con la sangre del homicida. Los deudos del fallecido podrán aceptar una compensación en dinero o mujeres (!) pero no están obligados a hacerlo. En este caso la deuda de sangre se mantendrá a lo largo de los años, y si no se puede cobrar con la vida del ofensor tendrá que pagarla su pariente más próximo. Por aplicación de esta costumbre nadie está totalmente a salvo y favorece las enemistades y odios familiares y tribales.