Los desayunos del Café Borenes

Luis Mateo Díez nos ofrece en «Los desayunos del Café Borenes» dos textos que se complementan en sus intenciones. El primero, que da título al volumen, es el relato de los encuentros de un novelista con los amigos que acuden a la cita del desayuno en el Café de una de sus «ciudades de sombra», y que divagan y dialogan con desatada locuacidad, sobre lo que la ficción supone en sus vidas.
En el segundo texto, titulado «Un callejón de gente desconocida», el autor hace un recuento de su pensamiento literario, el aval de una identidad de escritor que podría considerarse como una poética personal, no exenta de una comprensiva pedagogía. Sin que el juego de espejos entre los dos textos quiera contraponer las ideas y elucubraciones de tantas opiniones apasionadas y discutibles, acaso sea ese mismo juego el que mejor unifique la propia idea del libro. Un libro poco complaciente en sus intenciones con mucho de lo que ahora mismo leemos y vivimos. Se trataría, al fin, de un juego entre la lucidez y el desánimo, el humor y la melancolía.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015 Galaxia Gutenberg
180
978-84-16252-84-8
Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
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Conjunto de dos relatos complementarios sobre la creación literaria. En el primero de ellos, Los desayunos del Café Borenes, que da título al libro, se presenta una tertulia de mañana en la que los concurrentes hablan y reflexionan sobre la obra literaria y sus elementos. El protagonista es el novelista Ángel Ganizo, que compaginaba su labor de escritor con su trabajo como vendedor de pólizas en Seguros Lontananza. En esas tertulias, desayunando y escuchando a los concurrentes, encontraba consuelo para sus propias contingencias en la escritura, como los personajes que se escapan de las manos de su creador (un logro notable por la riqueza de sus vidas imaginarias) o bien la pérdida de las páginas mejor escritas que a veces se borraban en el ordenador. Frente al novelista, Lezama era el cabecilla de la tertulia, un lector compulsivo y apasionado, pero crítico, que veía en la novela actual una especie de “cajón de sastre”, junto al decurso comercial de las editoriales. Sus continuas reflexiones le llevan a decir al novelista una de las frases más conocidas de este libro: «A veces tenemos la impresión de que cada día abundan más las novelas que no son novelas y que están escritas por novelistas que no son novelistas para lectores que no leen» (p. 33). En último lugar, hay que destacar las referencias al lector, que sustituye al creador y adquiere la eficacia creativa en su experiencia particular, íntima y personal: “desde la escritura o la lectura…, se experimenta la vida imaginaria viviéndola al escribirla y al leerla” (p. 68).

En el segundo texto, Un callejón de gente desconocida, título tomado de Irene Nemirovsky, el autor expone su propia teoría literaria desvelando algunos rasgos del proceso personal de creación. Así, recuerda que en su memoria, después de escribir los relatos, lo que va quedando casi siempre remite a la atmósfera y a los personajes: primero, el autor tiene la impresión de “andar tras ellos”, un seguimiento suscitado por la curiosidad y el instinto; luego, “andar con ellos”, un grado de conocimiento más profundo; y por último, “andar en ellos”, que culmina la complicidad y el autor se adueña de su identidad hasta donde el personaje lo permite. “En estas caprichosas notas”, escritas en primera persona con una prosa excelente, Luis Mateo Díez reivindica la auténtica ficción literaria y deja unos sabios consejos tomados de su propia experiencia: en sus reflexiones aparecen muchos términos relativos a la creación literaria, pero quizá los más relevantes son imaginación y memoria, sensaciones y sentimientos de la propia experiencia, y el don de las palabras (p. 115). Así pues, se trata de una obra muy recomendable para todos los lectores interesados en la buena literatura y en su proceso de creación.