Los recuerdos de Jasid

José se fijó en mí. Me tomó con sus manos fuertes y me levantó a la altura de su cabeza para mirarme a los ojos. Yo miré al suelo y, por primera vez en mi vida, sentí vértigos y miedo. José, que debió advertir mis temblores, me acurrucó contra su pecho. En aquel momento me di cuenta de que seríamos muy buenos amigos.

Jasid es un perro blanco, con una mancha amarilla en la frente en forma de estrella. De entre todos los perros, fue el elegido para ser el guardián de la familia más encantadora del mundo. A través de sus ojos, conoceremos mejor y trataremos con más confianza a José, María y el Niño, como uno más de la familia. Pero también nos encontraremos con el burro Sereno, el gallo Galopín o Gandul, el perro intelectual.
 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2009
160
978-84-9840-570-5
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Ha nacido nuevo personaje: Jasid. Un perro alegre y divertido, que -no se sabe cómo- ha conseguido escribir sus recuerdos en letras cánidas.
Las aventuras de Jasid, el perro fiel de la Sagrada Familia, divertirán, sin duda, a los pequeños, pero harán pensar también a los menos pequeños, sobre todo a los jóvenes y adolescentes.
Suele ser a los 14 o 15 años cuando parecen brotar en el corazón, con una intensidad original, los deseos de dar a la vida un sentido de misión, o mejor, de responder positivamente a la vocación a la que Dios llama a cada hijo suyo que viene a esta vida.
Creo que un joven en esas circunstancias podrá descubrir en este libro la historia de la fidelidad a una misión.
Jasid, de blanco pelaje, nace con una mancha amarilla en la frente. Cuando María lo toma en sus brazos se fija en ese detalle y le dice a José que Jasid tiene una estrella. Es la estrella de la vocación, como la señal que deja el beso de Dios en la frente de sus elegidos. Poco después, Jasid le cuenta a su padre, como una interesante novedad, que, según María, tiene una estrella en la frente. Y su padre (curiosamente, de origen gallego) dice unos versos que su hijo no comprende: “Ay del que lleva en la frente una estrella, al del que lleva en la boca un cantar”. Un buen conocedor de la literatura gallega recordará enseguida los versos dedicados por Curros Enríquez a Rosalía de Castro: una mujer que, como poetisa, tuvo que cumplir también una difícil misión en su vida.
A partir de aquí, Jasid nos va contando, de modo indirecto, su fidelidad a la misión de “guardián” de la mejor familia del mundo. Una fidelidad que parece quebrarse, por primera vez, cuando se entera de que hay que viajar a Belén, pero que se rehace enseguida al rememorar las palabras de María que lo animan a ir con ella.
En la fidelidad de Jasid, Sereno, el burro, juega un papel muy importante. Es como el hermano mayor que tiene muchos años de lealtad sacrificada sobre sus hombros, y pone toda su experiencia al servicio de su amigo, para que persevere, con paciencia, a pesar de las dificultades de la vida. Le cuenta la historia de la familia, le advierte de cómo debe comportarse con la raposa, que siempre engaña, y le avisa de las malas consecuencias que puede tener su amistad con Gandul, el perro “revolucionario”.
Un momento clave en la vida de Jasid es el nacimiento de Jesús. La primera vez que ve al Niño, se entrega a Él, a su manera, con corazón de perro fiel y enamorado. Es una oración tierna, sincera, en la que promete defenderlo aunque le cueste la vida, solo a cambio de una sonrisa.
La historia de los Magos, contada por Bolo el Gordo, un perro enorme y bonachón, es también la historia de la vocación de tres hombres que deciden buscar a Dios, y la historia del fracaso de un cuarto personaje que ha perdido la ilusión y decide quedarse durmiendo en su magnífico palacio, mientras se burla de los Magos, que ya han iniciado su camino guiados por la estrella.
Santa Teresita de Lisieux quería ser el juguete de Jesús, hacer en todo su voluntad. En Egipto, Jasid descubre también esta maravillosa posibilidad: divertir a Jesús mientras es tan pequeño que apenas puede andar. Un día ve en la calle a un perro saltimbanqui que proporciona buenas monedas a sus amos. Jasid decide aprender por su cuenta, y pasa horas y horas ensayando las piruetas más raras y divertidas. Por fin, realiza delante de Jesús el magnífico espectáculo que le ha preparado, y el Niño se ríe hasta más no poder, y le pide que vuelva a repetirlo. Hacer reír a Jesús… ¿no es un objetivo maravilloso? ¿No os acordáis de aquel fraile de la edad media que, antes de fraile había sido saltimbanqui, y que por las noches ofrecía a la Virgen sus cabriolas, lo único que sabía hacer? También nosotros podemos hacer que Jesús se ría, no precisamente con piruetas y cabriolas, sino con nuestras buenas acciones y, sobre todo, con nuestros deseos, tantas veces fallidos, de agradarle.
Jesús es el mejor amigo de Jasid. Lo libra de las travesuras de sus primos y, sobre todo, lo “compra” cuando, por seguir a Gandul, “líder de la libertad”, se convierte en un perro esclavo. Lo corrige y le perdona, deja que lo acompañe a todas partes, y confía plenamente en él cuando le encomienda la difícil misión de encontrar un cordero que se ha perdido o la de salvar a un niño que está a punto de morir entre las llamas. ¿No hace lo mismo con nosotros? Nos ha rescatado de nuestra esclavitud (no precisamente con una moneda, como a Jasid), quiere que lo sigamos a todas partes y nos confía la misión de ayudarle a llevar el mundo a Dios.
No sigo, para no adelantarme al lector. Pero todas las aventuras de Jasid tienen esta lectura más profunda que quien ande por caminos de vida interior podrá captar con facilidad y tomarla como sabiduría para la vida.
Espero sinceramente que este libro tenga mucho éxito, y que ayude a muchos niños y jóvenes a ser fieles a su misión en la vida. (LM)