Recuerdos, sueños, pensamientos

Autobiografía parcial del psiquiatra suizo Carl G.Jung (1875-1961), publicada por su colaboradora Aniela Jaffé. En ella relata su infancia desdichada, los años de formación, sus empresas culturales y relación con Freud, del cual se inició como discípulo para separarse posteriormente, y su religiosidad basada, no en la existencia de un Dios personal que se revela, sino en la huella del mismo en la psique de los hombres y mujeres. 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2012
493
978-84-322-0829-4

Original de 1961.

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Comencemos por decir que las obras de Jung están desaconsejadas desde el punto de vista católico. El autor fue hijo de un pastor protestante que, a decir de su hijo, padecía graves dudas de fe, lo cual le hizo muy desgraciado. El futuro psiquiatra padecía por su padre, pero si se interesaba por sus pensamientos llegaban a discutir. "Tenía mala conciencia y me sentía culpable" -escribe. "Pensé que yo era un hombre depravado y despreciable y me refugié en la soledad" (pág.58). Todavía adolescente leyó a Schopenhauer, Kant y Nietzsche.

 Muerto su progenitor, Jung cursó estudios de Medicina en Basilea y se entusiasmó con la psiquiatría. Ejerció en Zurich y se consideraba a sí mismo "un médico de almas". El autor no entra a definir el alma humana -espíritu, psique-, pero defiende obstinadamente la existencia del espíritu individual y la huella de Dios en él. Ante la afirmación de los científicos materialistas de que en el interior del cerebro no existe "un espacio aeriforme" que pueda hacer pensar en el alma (pág.118), señala como es la materia biológica la que posee las propiedades del espíritu. La psiquiatría se encontraría en el campo común de los hechos espirituales y biológicos. "El cruce entre la naturaleza y el espíritu- escribe- era un hecho".

En sus inicios se interesó por el origen del mal y el espíritu maligno, lo que le llevó a leer a los gnósticos de los primeros siglos cristianos y a los alquimistas medievales, pero la escolástica y Santo Tomás le parecían muertos. Jung fue discípulo de Freud del cual se separó posteriormente. El mérito de Freud -señala- consiste en haber descubierto un acceso al subconsciente -los sueños-, pero no todo se puede reducir al sexo como hace el médico vienés o a la voluntad de poder según su discípulo Adler. 

Jung busca en el enfermo aquellos factores que han contribuido a la construcción o destrucción de su personalidad. "Los hombres se vuelven neuróticos -escribe- cuando se conforman con respuestas insatisfactorias o falsas a las cuestiones de la vida" (pág.171). Por el contrario, cuando todo va bien la personalidad es armónica (pág.233). Frente al negacionismo moral señala que "quien realiza un crimen destroza su alma" (pág.153). Al final de su vida Jung se interesará por el sentido de la existencia, lo cual nos orienta hacia la psiquiatría de Victor Frankl.

Gran parte del libro trata sobre los fenómenos religiosos. El autor considera mítica la figura de Jesús, trata de dar una explicación psicológica a la Trinidad y piensa que el cristianismo está muerto en muchas personas, ya que no suscita emociones en ellas. En cambio habla de la evidencia de la presencia de Dios en el hombre a través de inspiraciones que no proceden de sí mismo. Señala los cuatro escalones del conocimiento: Sensibilidad, pensamiento, sentimiento o afinidad del alma, e intuición.

El autor se explaya en el capítulo que lleva por título Vida después de la muerte: "La razón crítica -afirma- ha hecho desaparecer la idea de la vida post-mortal" (pág.351). "Yo no sé por qué ha surgido el universo, tampoco cómo es la vida eterna, pero forma parte del imaginario antiquísimo de la humanidad" (pág.354). "La razón nos pone límites demasiados estrechos y exige vivir exclusivamente de lo conocido. Cuanto más prevalece la razón crítica más pobre deviene la vida: bajo su dominio se empobrece el individuo" (pág.354). Concluye afirmando que "racionalismo y doctrinarismo son las enfermedades de nuestra época" (pág.352). Frente a Darwin proclama que "la naturaleza no da punto alguno para sospechar que de lo contingente pudieran surgir síntesis superiores como la psique" (pág.436).

Numerosas partes del libro, como pueden ser los viajes, los sueños o las filosofías orientales -los mandala o el I Ging a los cuales Jung se considera afín- carecen de interés. Además, es necesaria una buena formación doctrinal para señalar sus errores en materia religiosa. La lectura de este volumen solo sería útil para los profesionales de la psiquiatría por lo que se desaconseja la misma.