Reflexiones sobre mi muerte

"Reflexiones sobre mi muerte" consta de dos partes: 49 pensamientos u oraciones breves sobre la muerte, que constituyen la parte principal del libro, y 11 textos, algo más extensos, que el autor denomina cuentos y cuya temática sigue siendo la muerte como liberación que da paso a la Vida.

Ediciones

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2000
168
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Cuenta Miguel Fisac (1913-2006) que cuando cumplió setenta años se dijo a sí mismo: "Miguel, el problema más importante que tienes en el futuro es la muerte". Todavía había de vivir veintidós años más. Entre 1997 y 1999 los pensamientos del autor sobre la muerte se hacen más insistentes y esperanzados: "No me siento acorralado, Muerte. Sé que eres sólo una modesta percha en la que colgaré este usado traje de mi cuerpo para continuar, más ligero y alegre, mi camino de Amor y de Esperanza". La visión que tiene Fisac sobre la muerte evoca los testimonios sobre "Vida después de la vida", en los que el espíritu se desprende suavemente del cuerpo para volar hacia la bienaventuranza. En las reflexiones no hay sentimientos negativos y en ocasiones el deseo de la trascendencia recuerda a la impaciencia de los místicos. La segunda parte, a la que el autor denomina "cuentos", resulta más confusa. En uno de esos relatos el autor dibuja lo que considera que es la escalera del amor al prójimo. La doctrina está tomada del Evangelio y filtrada a través del carácter victimista del autor. El primer peldaño de esa escalera sería amar a los familiares y amigos íntimos; el último es "amar a las personas que nos odian cuando ese odio se manifiesta en actos de refinada maldad hacia nosotros". No creo que ni Bin Laden se encuentre en esa terrible circunstancia. Llama la atención que el autor considere que el mayor fracaso del hombre y la prueba del mal en el mundo sea la destrucción del medio ambiente. Sin ser falso olvida la peor destrucción, la de los hombres y las almas. El prologuista del libro es Leonardo Boff, al parecer amigo del autor. Si nos olvidamos de esa circunstancia y no buscamos tres pies teológicos al gato, el libro, especialmente en su primera parte, es hermoso y esperanzador. El 24 de octubre de 1997 el autor escribe: "Un truco infalible. En cuanto la buena muerte me deje irme hacia el Señor cuento con un truco infalible: pedir a la Virgen Santísima que me lleve de su mano". Como en otros momentos de las reflexiones se atisba el estilo y la doctrina del maestro espiritual de Fisac, San Josemaría Escrivá, al que el autor, sin embargo, llevaba décadas criticando con empeño.