Una letra femenina azul pálido

Viena, 1936. Una mañana, un alto funcionario del ministerio, casado con una belleza y rica dama vienesa, abre una carta. Reconoce la letra azul pálido del sobre. Y esa caligrafía se hunde en su vida rutilante como la hoja de un cuchillo y la disloca de inmediato. Es la letra de una mujer, un amor imposible del pasado, tal vez el único verdadero de toda su vida, y la carta habla de un chico, acaso un hijo ignorado. Esta magistral novela, escrita en 1941 y rescatada ahora con extraordinario éxito en varios países europeos, es un agudo retrato psicológico de un hombre con el «corazón destrozado», de una víctima de su propia cobardía, y un amargo y contundente análisis de la sociedad que ha ahogado su pasión.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1994
144
84-339-6607-0
2015
144
978-84-339-2845
Valoración CDL
4
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Imagen de Azafrán

Argumento

Describe el mundo interior de un joven perteneciente a la clase social inferior de la sociedad austrohúngara. Las inseguridades que esa situación económica le generan y su inteligencia para escalar socialmente hasta convertirse en un alto funcionario. Su situación económica al contraer matrimonio con una rica heredera, Amelie  le catapulta definitivamente.

El bienestar económico y el miedo al descenso influyen en su manera de ver la vida y de actuar empujándole hacia una situación acomodaticia que le hace perder de vista el criterio diferenciador entre el bien y el mal.

El problema que viven ya los judíos en Alemania anterior a la anexión de Austria salpica su apacible vida y le plantean una toma de postura.

Su pasado, los errores cometidos en su juventud, también reclaman una respuesta audaz y contundente que podrían destruir su vida acomodada.

Todo se resuelve sin que él tenga nada que perder, pero tal vez descubra que lo que ha perdido es lo más valioso y ese descubrimiento le lleve a palpar su auténtica miseria.

Franz Werfel y Franz Kafka

Comparten, además del nombre (Franz) y la pertenencia al pueblo judío, una trayectoria vital similar. Ambos nacieron en Praga con siete años de diferencia. Kafka nació en 1883 y Werfel en 1890. Ambos vivieron en Berlín y en Viena.

Kafka escribió y publicó El Proceso, 1914, y Metamorfosis, 1915. En 1923 se instala en Berlín. Murió en Viena en 1924.

Werfel también vivió en Berlín y Praga, pero se traslada a París en 1938 y, previendo la entrada de Hitler en París se traslada a los EE. UU. en 1940. Murió en 1945 en Beverly Hills. Una letra femenina de azul pálido se publicó por primera vez en 1941. La carta que recibe el protagonista, Leónidas, lleva la fecha de 7 de octubre de 1936. En esa fecha se firma el Pacto entre caballeros fruto de una negociación política entre Mussolini, el gobierno del III Reich y el canciller austriaco Kurt Schuschnigg. Austria intenta limar desencuentros con el gobierno alemán y se aviene a incluir a dos ministros filo alemanes en el gobierno, a liberar a presos políticos filo alemanes y a ejercer una censura contra todo lo que perjudique la política del III Reich.

Contexto histórico de la novela

La anexión de Austria, Anschluss,  tuvo lugar el 12 de marzo de 1938. La alta sociedad de Viena no fue consciente de la tragedia que se cernía sobre ella. Se limitaba a soñar que su mundo de lujo y sofisticación continuaba. Amelie, la rica heredera de la familia de banqueros, la esposa de Leónidas, lucha físicamente por mantenerse joven y bella y es un símil de la situación en la que vive la alta sociedad. Empeñados en mantener su estatus pierden contacto con la realidad y viven vidas estériles.

Leónidas, arrastrado por la vida de lujo, es incapaz de impedir el trato injusto contra los judíos. Leónidas reconoce que los judíos son trabajadores e inteligentes. Sin embargo, son postergados por agradar a Alemania.

La lucha interior que padece Leónidas cuando sospecha que quizás sea padre de un joven de madre judía, Vera, llega a hacerle tomar partido a favor del pueblo judío por amor al supuesto hijo.

“Sólo a través de un hijo queda el ser humano irremediablemente imbricado en el mundo, en la despiadada cadena de las causas y los efectos”. Pág.58

El monólogo interior como forma del expresionismo

Durante la primera mitad del siglo XX, diferentes corrientes vanguardistas se suceden y a veces se superponen en toda Europa. El expresionismo es una de esas corrientes que trata de mostrar el sentimiento que conmueve interiormente al individuo. En pintura se señalan dos hitos; El beso, de Klimt y El grito, de Münch.

El Kafka de El Proceso y el Werfel de Una letra femenina azul pálido podrían ser consideradas expresionistas si atendemos a las siguientes características:

  • Lo insólito y lo cotidiano se presentan asociados porque no hay ningún hecho insólito que sea inexplicable.  Un hecho que podría ser habitual (recibir una carta) desencadena la alteración de la completa rutina del protagonista, Leónidas.

“Allí clavó un buen rato sus aterrados ojos en esa letra femenina de rasgos severos y empinados y sopesó una y ogra vez la leve carta en su mano, sin atreverse a abrirla. Los escasos rasgos lo miraban con una fuerza expresiva cada vez más personal, y poco a poco fueron inundando todo su ser como con un veneno que paralizarse las pulsaciones. Ni en la más opresiva de sus pesadillas se hubiera imaginado que volvería a ver la letra de Vera.” Pág. 9

  • El protagonista se ve sumido en la alucinación. La distinción de lo verosímil y de lo inverosímil está fundada en criterios lógicos.

“¡Monotonía de la exageración! Y se acaba quedando dormido. Pero mientras duerme, sabe que está durmiendo. Durmiendo en el banco de un parque. Una débil llovizna iluminada por un sol de octubre humedece el césped… Leónidas siente que la cara se le va resecando más y más. Debería haberme afeitado para ir a la ópera.” pág. 138

  • El paso de los cotidiano o lo insólito no implica ningún cambio de tono. El protagonista está siempre consciente y nada indica al lector que se halle sumido en una alucinación. Nada nos hace considerar lo inverosímil como onírico y lo verosímil como lúcido y propio de la vigilia. No existe una ruptura entre dos universos distintos: lo insólito parece prolongarse naturalmente en la vida cotidiana.

“Sólo a partir de entonces empezó el rostro de Vera a atravesar la clara superficie vacía, como si llegara desde muy lejos. Alguien parecía girar torpemente el regulador de uso prismáticos intentando enfocar con mayor precisión un objeto lejano. El pelo fue lo primero que apareció en la lente todavía turbia, una cabellera negrísima, lisa y con raya al medio… Luego se abrieron paso los ojos, de un profundo azul violáceo, sombreados como antes por sus largas pestañas… La boca…” Pág. 112

  • No es el protagonista quien cuenta su historia; la novela no está escrito en primera persona, sino en tercera. La utilización de “él” supone la presencia de un personaje invisible del cual se escucha la voz: el narrador. No hay obstáculo entre el lector y los personajes. El narrador desaparece ante la realidad. Los diálogos y los monólogos ocupan en la novela un lugar predominante frente a lo narrado en tercera persona. El estilo directo es frecuentemente sustituido por una técnica más flexible: el estilo indirecto libre.

“Es decir, fue una ruin cobardía, una canallada sin precedentes. Leónidas, el favorito de los dioses, o se equivocó en aquel momento. Rompí aquella carta sin leerla y también haré lo mismo con ésta. Simplemente para no enterarme de nada. A quien nada sabe, no se le piden cuentas. Aquello que no di cabida en mi conciencia hace quince años, no tiene por qué incorporarse ahora a ella, ni mucho menos. Es un asunto concluido y archivado, algo que ya no existe. Y que ya no exista me parece un hecho consuetudinario.” Pág. 20

  • El narrador no se contenta con informar al lector de las palabras dichas por los personajes. También da a conocer los pensamientos del personaje. Mucho más de lo que corresponde al narrador: describir el lugar de la acción. La función del narrador es pues relatar con precisión y sencillez todo lo que atañe al protagonista, incluyendo sus pensamientos. El estilo indirecto no es constante y el autor se contenta con describir la parte exterior de los sentimientos del protagonista. No aporta ningún juicio de valor sobre las visiones y las opiniones del protagonista. Como mucho sugiere que no se corresponden necesariamente con la realidad. La imparcialidad del narrador consiste en mostrar al protagonista sin juzgarlo; en describir sus sentimientos sin analizarlos. Al ser contado por un tercero evita tomar partido y gana credibilidad. El narrador, limitándose a seguir al héroe, no aporta ningún tipo de referencia que decida si el hecho insólito forma parte de un sueño o de la realidad.

“Así debió de haber hablado Leónidas. Así hubiera podido exponer coherentemente los hechos ante cualquier tribunal, pues todas las piececillas de aquel mosaico se hallaban presentes en su conciencia. El sentimiento de su amor y de su culpa seguían allí, sólo las imágenes y las escenas se desvanecían cada vez que él intentaba atraparlas. Y, sobre todo, la idea de tener que someterse a algún juicio inesperado no cesaba de rondarlo” pág. 53 

  • E personaje irrumpe en la narración ante la urgencia de expresar su conmoción interior. Al igual que en El proceso, de Kafka, el personaje toma la palabra sin previo aviso y elabora un discurso de autodefensa ante un imaginario tribunal con el que trata de justificar su conducta: el engaño y posterior abandono a su suerte de Vera. Ese discurso, que ocupa gran parte de Una letra femenina azul pálido, es un largo monólogo interior.
Imagen de Azafrán

Describe el mundo interior de un joven perteneciente a la clase social inferior de la sociedad austrohúngara. Las inseguridades que esa situación económica le generan y su inteligencia para escalar socialmente hasta convertirse en un alto funcionario. Su situación económica al contraer matrimonio con una rica heredera le catapulta definitivamente.

El bienestar económico y el miedo al descenso influyen en su manera de ver la vida y de actuar empujándole hacia una situación acomodaticia que le hace perder de vista el criterio diferenciador entre el bien y el mal.

El problema que viven ya los judíos en Alemania anterior a la ocupación de Austria, salpica su apacible vida y le plantean una toma de postura.

Su pasado, los errores cometidos en su juventud, también reclaman una respuesta audaz y contundente que podrían destruir su vida acomodada.

Todo se resuelve sin que él tenga nada que perder pero tal vez descubra que lo que ha perdido es lo más valioso y ese descubrimiento le lleve a palpar su auténtica miseria.

Imagen de Pipa

Breve novela en la que el autor confluye un estudio psicológico de los personajes protagonistas, a la vez que realiza un análisis social de un modo perturbador.
De estructura perfecta, esta historia la escribe el autor cuando ya está en el exilio, en tierras  americanas. Se lee como un amargo gesto de despedida de Viena y de toda la civilización centroeuropea.

Yo he leido la edición de 1994.
El discurso interno que tiene Leónidas, al verse sorprendido en su casa, junto a su coqueta y cuidada mujer, Amelie, por esta carta de una antigua amante, lleva a pensar el calvario en el que puede sumergir la imaginación, o una conciencia de por sí escrupulosa.
Leónidas, mediante un narrador, recuerda su vida, de origen humilde, y con pocas posibilidades de éxito.
Todo empezó con un frac impecable que heredó de un compañero que se suicidó y se lo legó a él.
Las dudas de si abre o no la carta. ¿Preferiría no enterarse de qué quiere ahora? Hubo hace tiempo otra carta que directamente la rompió. Sin leerla.
Amelie se empeña en seguir aparentando que tiene dieciocho años. “No tener hijos es el precio que estamos pagando por esos pechos virginales, piensa de pronto el esposo” (14). León, como le llama su esposa, recoge el correo y se lo lleva. Le arde la carta, que le trae tantos recuerdos, en su bolsillo. Vera, su primer y único amor hacía unos veinte años, hija de un eminente doctor israelita y en cuya casa estuvo un tiempo de preceptor de un hermano enfermo.
Y ahí empieza el largo discurso de sus recuerdos, sus dudas, su curiosidad. Empieza a calcular los riesgos de tener que confesar a Amelie su aventura, cuando apenas llevaba dos años casado con ella.
La vida superficial, rica y acomodada que lleva, peligra. La presencia de esta carta le planteará si vale la pena o no arriesgarse a perderlo todo (riqueza, familia, trabajo, etc….) por un amor que ya daba por perdido. Temores, suposiciones… ¡qué sufrimiento!. Se ve ya antes los Tribunales teniendo que justificar su vida intachable, falsa, de imitación…. “Él nunca había poseído el coraje radical y casi impúdico para buscar la verdad, lo cual se debería probablemente a su origen humilde y a su pobreza de otros tiempos. El miedo, el afán de prosperar y una trémula sobrevaloración de las clases altas habían marcado su juventud. Tuvo que aprenderlo todo a trompicones…” (104)
Y Amelie también tiene su corazón e inteligencia. Las sospechas le llevan a los celos que explotan en una escena casi dramática… pero se arrepiente. No puede entender por qué su marido es tan bueno… ¿tan bueno?
Es un libro interesante, que vale la pena ser leído. Muy bien escrito, a pesar de su brevedad. Recalca que nadie puede vivir dos vidas.
Flota en el ambiente las vísperas de todo el problema de una previsible influencia, luego sería invasión, de Hitler y toda su alarmante política antijudía, aunque lo trata muy suavemente, como algo que aún no les afecta del todo.
Puede ser un buen instrumento en un libro fórum.

 

Imagen de José Ignacio Peláez Albendea

Escritor checo que escribe en lengua alemana (1890-1945). Poeta, dramaturgo, novelista. Amigo de Kafka, Max Brod y Haas. Sus comienzos en poesía le hacen merecer el elogio de Rainer María Rilke

Imagen de Artemi

"Una letra femenina azul pálido" es muy parecida a esa otra novela del mismo autor que leí el año pasado, "Reunión de Bachilleres": un funcionario con la vida arreglada, lleno de rutinas, con una bella esposa y mucho dinero se cree feliz. Pero un día algo pasa, recibe una carta de una amante que tuvo en su juventud, una aventurilla de la que ya se había olvidado. Y empieza a recordar, y la culpa, su culpa, se le representa con toda su verdad, y la necesidad de la expiación para salvar su vida, para justificarse se hace necesaria... Leónidas había entendido leyendo la carta que el joven al que tenía que ayudar era su hijo. No sabía cómo decírselo a Amelie, su mujer. Con ella no tenía hijos, por egoismo, sin duda. Cuando por fin se encuentra con Vera descubre que no es su hijo el joven al que tiene que ayudar, pero descubre también que efectivamente tuvo un hijo, y que murió con dos años y medio. Pero eso a Leónidas ya no le importa tanto. Una novela que, como "Reunión de bachilleres" nos recuerda que la conciencia pasa factura, que lo que hacemos en el presente nos marca y deja una huella que aunque uno quiera borrar no puede. Conciencia, culpa, expiación. Este autor sabía de qué hablaba. Me recuerda mucho a Dostoievsky.

Imagen de Rubito

Agardabilísima obra con tal presisión de palabras e ideas que que no necesita ser larga para constituir, de modo preturbador de puro precisa, un análisis social de una época crítica ya que una protagonista es judía y la obra se sitúa en Viena en 1936.
Además de profunda se lee con soltura y, sobre todo, con avidez.

Imagen de rocio meca

Esta sencilla novela es la historia de un muchacho joven, que proviene de una clase humilde y que consigue llegar a un nivel que jamás hubiera soñado: un trabajo como funcionario, una rica mujer. Sin embargo, a lo largo de su matrimonio permanece separado de su mujer durante un tiempo, el suficiente para enamorarse de Vera, muchacha a la que conoció en sus años de infancia y la que nunca mostró interés por él. Tras entregarse a ella vuelve a la vida cotidiana, engañando a su mujer, engañando a Vera y engañándose a sí mismo.

Tras años, recibe una carta con una letra femenina azul pálido. Rápidamente la identifica con Vera y trata de ocultarla. El abrir esa carta le trae recuerdos de su amor y de su engaño. A pesar de ello su secreto nunca es conocido por su mujer.

Es una novela romántica, donde se muestran las debilidades, las cobardías y la capacidad de la persona de engañar y engañarse, de vivir de una manera poco coherente, tan sólo por llegar a donde se ha llegado.

Imagen de acabrero

Una novela breve, muy bien escrita, con una trama que luego repetirá Zweig. Una vez más la fidelidad matrimonial por medio y la sensación de que el protagonista es un gran egoísta que tiene por encima de todo su posición social y su honor. Se lee muy bien y me parece que os gustará.