Viajes con Heródoto

Este libro combina diversos géneros, desde la autobiografía hasta la crónica periodística, pasando por el libro de viajes y de historia. Es además un tributo personal de Kapuscinski a Heródoto, autor que le ha acompañado desde que recibiera, siendo aún periodista novel, un ejemplar de su "Historia". Kapuscinski considera a Heródoto uno de los primeros reporteros, que no sólo relata los hechos que ve o le cuentan, sino que descubre las diversas culturas del mundo. En cualquier caso, el historiador griego es un maestro tanto de la historia como de la vida y una guía valiosa para relacionar el pasado con el presente.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2006
308

Título original: Podróze z Herodotem. Traducción: Ágata Orzeszek

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Comentarios

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El planteamiento de la obra resulta interesante: el paralelismo entre la "Historia" de Herodoto y los primeros pasos del autor como periodista mundo adelante; entre el historiador del pasado y el corresponsal de la actualidad. Digamos que Kapuscinsky tiene oficio para escribir un libro como éste, una reflexión sobre el periodismo en la que ejerce al mismo tiempo como contador de historias, una de sus especialidades. El secreto para contar grandes historias es dotarlas de credibilidad relatando los detalles pequeños: Cómo era el rececepcionista del hotel, qué le dieron para desayunar, hacer siempre mención del clima, etc. No obstante, depués de haber leído otras obras de Kapuscinsky ésta se nos presenta como falta de sustancia. Termino con una cita del autor que vale la pena. Dice así: "El libro del griego (la "Historia" de Herodoto), igual que toda gran obra, hay que leerlo repetidas veces: cada nueva lectura desvelará nuevas capas, contenidos distintos no vistos antes, nuevos sentidos e imágenes. Pues todo gran libro contiene varios libros, sólo hay que llegar a ellos, descubrirlos, profundizar en ellos y asumirlos".

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Al parecer, el libro es de 2004; sin embargo, nos relata sus primeras experiencias como reportero recorriendo, en el presente volumen, diferentes regiones de Asia y África. Estos relatos de sus viajes están más desvaídos, expresan un talante menos profundo y rico al que nos tiene acostumbrados, el autor, en otras obras, tal vez porque relata a la vuelta de los años sus primeros pasos por el mundo. Tan solo se nos muestra el verdadero Kapuscinski en los últimos relatos del libro.

No obstante, lo que hace que el libro sea una obra interesantísima es el encuentro del autor con Herodoto, del que se hace compañero inseparable, del que va aprendiendo a superar no sólo el provincianismo local sino también el temporal, como nos dirá al final del relato.

De la mano de Herodoto nos hace vivir la pugna por el dominio del mundo entre Europa y Asia. Analiza el método de historiar del griego, de manejar las fuentes de información, y la honradez intelectual de dar valor a las diferentes versiones de lo sucedido.

No quiero dejar en el tintero una idea que aparece por primera vez en las diferentes obras del autor, y es que al hilo de la historia del Imperio Persa y el sino que le cabe a los pueblos conquistados, avanza la idea de predestinación: no pueden, no se puede hacer nada contra los avatares del destino. Un derrotismo un tanto sorprendente en un autor de la categoría y experiencia suya.

Imagen de Rubito

La obra fué gestada por el autor en la década de los cincuenta mientras recorre la Polonia profunda de aldea en aldea, de villorio en villorio, en carro o en autobús siendo entonces aprendiz de reportero. Hace un magnífico ejercicio de viaje en las dimensiones espacio-tiempo por un mundo de la Antiguedad y por el del Siglo XX. Son 28 historias no ficticias, grandes y pequeñas, trágicas y divertidas en las que los soldados de Salamina conviven con un niño sin zapatos en la Varsovia de 1942, los defensores de las Termópilas de Leónidas con los pescadores de Bodrumm-Helicarnaso de 2003, Jerjes con Dostoievski, Creso con Louis Armstrong y, sobre todo, el maestro Herodoto con su discípulo Kapuscinski. Un magnífico libro de historias y de ejercicio literario. A pasar de esto me parece que tiene un "pero", que ya está incluido en la reseña anterior. Parece que el autor no está muy del lado de la libertad lo cual extraña siendo, como presume, admirador y discípulo del libre Herodoto.

Imagen de acabrero

El planteamiento que hace el periodista Kapuscinski en este libro me parece muy atrayente. Con la excusa del descubrimiento casual del libro de Herodoto “Historia”, y la consiguiente lectura alargada a través de sus muchos viajes de reportero, nos muestra una sugestiva mezcla de noticias del momento en que él viaja, con las noticias del tiempo en que Herodoto viajó, hace 25 siglos. En las páginas finales expresa el peligro muy frecuente en que se puede caer de provincianismo: personas que nunca viajan y que no se interesan para nada en lo que puede ocurrir en otras partes del mundo. Pero citando a T.S. Eliot, sugiere que hay otra clase de provincianismo, la del que no tiene ningún interés por lo que ocurrió en otros momentos de la historia. Son los provincianos del tiempo. En este libro el autor hace un ejercicio interesantísimo de excursión por diversos países, en el siglo XX, mezclado con una apasionante excursión por el siglo V antes de Cristo. Sólo una cosa me ha llamado la atención en sus comentarios en diversas páginas del libro: Kapuscinski no cree en la libertad. Se alinea tranquilamente con Jerjes, rey Persa, totalmente dominado por un destino fatal, y da la espalda a un griego libre como Herodoto. Sin duda el marxismo que vivió en su país y la filosofía modernista han podido con su posibilidad de sentirse libre.