La belleza en el Renacimiento

 

Germán Arciniegas (1900-1999) ensayista y novelista colombiano redacto multitud de trabajos, fue ministro y activista político y, sobre todo, muy amigo de sus amigos con los que compartía sus múltiples aficiones y bastos conocimientos.

La obra más importante y reconocida por nuestro autor es, sin duda, la que reseñamos ahora, pues ha sido múltiplemente reproducida y editada. En efecto, “el mundo de la bella Simonetta”, es una descripción novelada del amor y admiración de Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, apodado Sandro Botticelli (1445-1510) por una de las mujeres más deslumbrantes del Renacimiento.

Hay que situarse en Florencia, en pleno siglo XV, para poder admirar la belleza deslumbrante de Simonetta Vespucci, quien habría cautivado a Botticcelli quien la pintaría múltiples veces hasta pedir ser enterrado a su lado. No podía ser en otro lugar pues “Florencia habría quebrado el Arte Medieval” (16).

Precisamente, hay que situar la primera escena de este singular trabajo en uno de los lugares más hermosos de la ciudad de Florencia, concretamente en la “Placita de la Fuente”, donde “Llegaban los viajeros y detenían los caballos sudorosos. Luego, un delicioso descanso que tentaba al amor. Antiguamente, al fondo, se levantaba la torre de los Spínola” (26).

Indudablemente, la descripción de la ciudad y de la familia de Simonetta no podría ser más magnífica: “Lo natural en Florencia eran los coloquios con filósofos griegos, la vida ateniense en los talleres de los pintores, el ingenio mordaz de las tertulias, el oro de los florines (…). Lo demás estaba a la vista: las puertas del paraíso, y una vara de lirio clavada en el corazón de la ciudad: el campanil del Giotto, de todo este comercio entre el dinero y la gracia participaban los Vespucci” (57-58).

 “Si la aparición que hizo Simonetta en el baile ofrecido por Lorenzo de Meduci a Eleonora fue el comienzo de la admiración que él y todos tuvieron por la divina genovesa, resultaría que bastó que ella bailara dos o tres horas, cuando más, una tarde, en un jardín a orillas del Arno, para que dos de las obras en que el Renacimiento se convierte en maravilla de gusto y de expresión artística -la Primavera de Botticelli y los sonetos de Lorenzo- surgiesen de esa aparición. En el mundo del arte esas revelaciones son la fuente de los milagros” (111-112).

Ciertamente todo ocurrió muy deprisa, pues los datos son completamente exactos. En primer lugar, el baile de Eleonora ocurrió en 1473 y Simonetta desgraciadamente murió en 1476.

Botticelli pintó “La Primavera” en 1478.

José Carlos Martín de la Hoz

Germán Arciniegas, El mundo de la bella Simonetta, editorial Rosita y Amparo, Madrid 2026, 202 pp.