En el día a día, ante un hecho un poco especial o un personaje llamativo, se puede usar el concepto de trascendencia. Este libro será trascendente porque va a influir mucho; Fulano de Tal es un personaje importante porque influye en la sociedad, porque sus opiniones van más allá de la tertulia entre amigos. Es decir, ha trascendido, ha ido más allá de lo habitual, por encima de los demás.
Desde ese punto de vista es más fácil entender que el ser más trascendente es Dios. La trascendencia es una cualidad esencial del ser y el carácter de Dios. La existencia de Dios es algo que nos trasciende, está más allá de lo que podemos tocar y ver. A pesar de todo resulta que Dios se hizo carne, en Jesucristo, y, por lo tanto, en la medida en que vivió entre nosotros durante unos años, dejó de ser trascendente, en cuanto que era Dios, pero era también verdadero hombre.
El ambiente actual, el modo de vida en los países occidentales, se ha vuelto, desde hace tiempo, tremendamente materialista y, por lo tanto, en la medida en que se olvida de Dios, intrascendente, es decir, de lo que importa en el día a día. Lo trascendente, en el lenguaje normal, es lo que nos supera, lo que es mejor que nosotros, y, cuando se vive de fe, es la meta a la que aspiramos.
El mundo en que vivimos es intrascendente. Podríamos traducirlo por baladí o frívolo, según la misma Academia de la Lengua. La mayoría vive para lo material, para el cuerpo, y se olvida del alma. En la medida en que una persona es consciente de su alma, que es espiritual e inmortal, fácilmente está elevándose hacia la trascendencia.
Hay épocas en la historia más o menos intrascendentes. La nuestra lo es. No sabemos hasta cuanto ni hasta cuándo. En nuestros días la mayoría de las personas en Occidente viven para el placer, para tener, para comprar, para presumir, para viajar, para buscar lo agradable. En ese ambiente es bastante más difícil amar. Lo intrascendente lleva básicamente al egoísmo. Quienes viven de un modo habitual el amor, la preocupación por los demás, son personas trascendentes, porque el Amor, el concepto último y total de lo que es amar, proviene de Dios.
Puede un ateo tener un detalle de amor, pero no es lo que le llena de modo esencial. El yo se pone delante, el egoísmo. Un cristiano coherente vive del amor. Caridad, generosidad, amistad, atención de los demás. En definitiva, resumible en más o menos amor.
El tiempo de Cuaresma, por ejemplo, solo se entiende desde el amor. ¿Puede ser que haya quien viva el tiempo cuaresmal solo como una obligación y esperando solo que pase? Si, de todo hay. Pero cada vez es más excepcional. En un ambiente más paganizado la Cuaresma no tiene ya ningún significado y, por lo tanto, nadie lo vive por obligación social, porque es lo que toca o por quedar bien, porque hoy nadie te está pidiendo o recomendado que vivas el espíritu de penitencia propio de la Cuaresma.
La Cuaresma se vive solo, entre muchas personas, como preparación para la Semana Santa. Para quien se siente cristiano es tiempo sagrado de celebración de la Pasión de Cristo y su Resurrección. Para los demás solo consiste en vacaciones, y, en el mejor de los casos, procesiones.
Ángel Cabrero Ugarte