El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid (Villanueva del Campillo, Ávila, 1942) comenzó su andadura como profesor de teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde destacó enseguida por su hondura teológica y capacidad de penetración en los misterios de la fe, especialmente en el área de la cristología.
Después, desde 1988, ejerció el ministerio episcopal en diversas sedes y ocupó responsabilidades importantes en la Conferencia Episcopal Española. Finalmente, tras abandonar su ministerio episcopal en Valladolid en 2022, se retiró a su querida Ávila, donde ha retomado sus estudios de cristología y nos ha regalado este volumen recopilatorio de artículos antiguos y actuales aprovechando el centenario del Concilio de Nicea que acabamos de celebrar.
Este trabajo muestra claramente cómo el teólogo debe dialogar con el mundo circundante en cada momento de la historia y abordar los problemas de la sociedad de su tiempo. De hecho, Blázquez reconoce que este libro muestra: “el impacto de los años transcurridos en el campo de la teología, la vida de la Iglesia, la sensibilidad cultural, las cuestiones planteadas en la sociedad y en la misión cristiana” (12).
El libro arrojará una conclusión contundente: la centralidad de Jesucristo en la predicación y en la vida de la Iglesia, ayer, hoy y siempre, pues en esta materia no se puede dudar y la historia lo ha demostrado con creces: “Cuando una persona cristiana se toma en serio la fe y el seguimiento de Jesús es un foco encendido en la revelación de Dios. Estas personas, además de acreditar la verdad del Evangelio, nos prestan un servicio impagable. Si lo rutinario produce aburrimiento, el ardor de la fidelidad enciende entusiasmo” (32).
Blázquez se situó en el lado de los teólogos católicos que intentaron paliar la profunda ruptura en entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe en los años cincuenta, cuando el recuerdo de Calcedonia (451) dividió y clarificó donde estaba cada uno, al reconocer que el Nuevo Testamento puede considerarse con toda nitidez una fuente histórica válida, pues es la revelación oral puesta por escrito con la guía del Espíritu Santo y la historicidad de los evangelistas (45).
Es muy interesante la claridad de ideas de nuestro cardenal sobre el Reino: “El reino de Dios va unido inseparablemente con la salvación del hombre, es un reino que se verifica en la humanización. Si Jesús cura, es signo de que el reino de Dios salva. No son, por tanto, Dios y el hombre competitivos ni extraños. La presencia de Dios lleva consigo la plenitud humana, y su ausencia es empobrecimiento del hombre” (51).
Ter minaremos con las últimas palabras del cardenal Blázquez: “Dios provee, es decir, cuida de nosotros. Dios provee, es decir, mira a lo lejos. Su fidelidad dura siempre. Su providencia nos cobija en las peregrinaciones por la historia” (254).
José Carlos Martín de la Hoz
Ricardo Blázquez, Escritos de cristología. Ayer y hoy, BAC, Madrid 2025, 254 pp.