La educación estética

 

Friedrich Schiller (1750-1805), filósofo, poeta y dramaturgo, fue uno de los precursores del idealismo alemán y representante, junto a Goethe, del llamado humanismo moderno.

En esta ocasión, Acantilado nos ofrece una selección de sus cartas (redactadas entre 1793 y 1795) que tienen en común la “educación estética de la humanidad”, es decir, la reconversión de la humanidad para que pudieran entender el pensamiento de Kant y de Fichte que eran los incuestionables maestros de su tiempo.

Ciertamente, y así ha sido, la concepción kantiana del pensamiento y de la moral, terminó por considerarse un constructo subjetivo, es decir, una gran y redonda invención, pero incapaz de ilusionar.

Este es el objetivo de Schiller: devolver a las nuevas generaciones la ilusión por vivir y por pensar. Y eso solo sería posible mediante el camino de la belleza, de la bondad, de la armonía, de la coherencia de fe y de vida: “lo que nos hermana es la facultad de sentir y poner en común los gustos, las afinidades efectivas”.

Es muy interesante la metáfora utilizada por Schiller: “El reloj viviente del Estado hay que arreglarlo en marcha, de modo que en este caso es preciso cambiar la rueda mientras está en movimiento. Por lo tanto, para la pervivencia de la sociedad, se impone buscar un apoyo que la haga independiente del Estado natural que se quiere disolver” (15).

Poco después afirmará: “En la construcción de un Estado moral, la ley moral constituye una fuerza activa y la voluntad libre pasa a formar parte del reino de las causas donde todo se interrelaciona con estricta necesidad y constancia”. Enseguida añadirá: “La voluntad del hombre oscila con plena libertad entre el deber y la inclinación, y ningún determinismo físico puede ni debe atentar contra este derecho soberano” (17).

Páginas después volverá sobre este argumento: “la disolución del Estado es la mejor prueba de que su existencia es necesaria, porque la sociedad liberada de cualquier atadura, lejos de progresar hacía una vida orgánica, se hunde de nuevo en el mundo gobernado por fuerzas elementales” (22).

Finalmente, señalemos esta carta: “La necesidad más urgente de la épica es la formación de la sensibilidad, porque se convierte en un medio de hacer eficaz para la vida una comprensión mejor de la verdad, porque contribuye a ampliar las miras del entendimiento” (41). Ciertamente, los artistas “gracias a su indestructible vitalidad, se alzaron victoriosos en educar la belleza” (44).

José Carlos Martin de la hoz

Friedrich Schiller, Cartas sobre la educación estética de la humanidad, Acantilado, Barcelona 2026, 150 pp.