Dineros, pobrezas y enriquecimientos

 

El enriquecimiento malvado de personas egoístas es algo que ha existido en todas las épocas de la historia. Lo que cuenta Némirovsky en “Los fuegos de otoño” tiene visos de haber ocurrido realmente en esa época de entreguerras, cuando después los desastres de la Primera Guerra Mundial hubo personas que se aprovechaban de su posición para ganar muchísimo dinero en momentos en los que tanta gente vivía muy pobremente.

La historia que se narra en las páginas de este libro es muy dura. Por las terribles consecuencias de una guerra y, sobre todo, por la maldad de algunos que se enriquecen a costa de la pobreza de otros muchos. La autora lo cuenta con bastante detalle. Cuánto haya de realidad o de fantasía nos da igual, porque es fácil imaginar que esas barbaridades se han dado en esas circunstancias y en otras similares a lo largo de la historia.

Pero sin duda leer una historia con estos detalles nos hace pensar. Nos lleva a sentir más de cerca, como algo sacado de la realidad, hasta qué punto existe el mal en el mundo. Y no se trata de los males naturales, enfermedades, epidemias, tragedias, si no del mal ocasionado por el egoísmo humano. Las diferencias tan notables que existen entre ciertas personas que gastan con todo tipo de lujos y los que andan por la vida muriéndose de hambre.

Algo así suponemos que ha pretendido la autora de esta novela, cargando la mano hasta la tragedia originada por el protagonista en su propia familia, solo por el empeño en ganar muchísimo. Y hace pensar en las situaciones que se dan en la vida, a veces muy cerca, otras veces en noticias o advertencias de quienes son más conscientes.

Qué distinto es vivir la caridad, el amor al prójimo, con todas las consecuencias, que empeñarse en vivir opíparamente. El caso es que seguramente no se nos ocurre juzgar a algunos que tenemos cerca, familia o amigos, que viven “demasiado” bien. Es mejor no juzgar pues nunca sabemos el cómo y el cuánto.

Por eso el relato de esta novela, donde unos pocos, muy pocos, se hacen de oro cuando tantos, tantos, mueren malamente y tantas familias se quedan sin ingresos… Donde suceden desgracias tremendas, como lo que se cuenta en esta historia de aviones estampados porque se fabricaron mal para que otros se aprovecharan… Todo eso nos hace, al menos, pensar.

Es muy difícil, muy peligroso y, seguramente, muy injusto, juzgar en particular a este o al otro. No tenemos casi nunca datos suficientes como para denunciar a nadie. No es lógico atenernos a cualquier historieta que nos cuenta alguien, poniendo mal a un amigo. Pero sí nos puede servir a cada uno para pensar hasta qué punto vivo la caridad, la preocupación por los pobres. Pensar de vez en cuando si yo puedo hacer algo.

Ángel Cabrero Ugarte

Iréne Némirovsky, Los fuegos de otoño, Salamandra 2020