Un tabú cultural

     Cuando la pakistaní Asia Bibi es condenada a muerte por haber bebido de la mismo vaso que sus compañeras musulmanas, Bougina, una joven musulmana encarcelada con ella la da una explicación: "A los musulmanes no les gusta compartir su vajilla con los cristianos. No está escrito en el Corán, pero es un tabú cultural" (¡Por fin libre!, pág.60).

Me impresiona la expresión tabú cultural. Quién sabe cuántos tabús culturales tiene incorporados la sharía o ley islámica radical: La ablación genital de las mujeres, los matrimonios concertados por las familias, la poligamia, el odio al cristianismo y a Occidente. Son costumbres que pudieron tener una justificación hace siglos, pero que hoy son inaceptables por más que estén incorporadas a viejas tradiciones.

Hay costumbres islámicas, sin embargo, que son respetables. Se me ocurre el velo que identifica a las mujeres de esa comunidad, las permite sentirse orgullosas de su pertenencia y no perjudica a nadie. No me refiero, por supuesto, a esa veste negra que solo se abre al exterior a través de una rejilla delante de los ojos. Es algo que carece de sentido cuando se vive en sociedad y la persona tiene que ser identificada. Un salto de lo razonable a lo ridículo.

Nuestro Señor Jesucristo tuvo que luchar contra los tabús o tradiciones ilegítimas que se habían introducido en el judaísmo: "Vosotros -dirá a los fariseos- dejando el mandamiento de Dios, observáis escrupulosamente la tradición de los hombres (....), aboliendo la palabra de Dios por una tradición inventada por vosotros mismos" (Mc.7,8-13). "Escribas y fariseos hipócritas, pagáis el diezmo de la hierbabuena y habéis abandonado las cosas más esenciales de la Ley, la justicia, la misericordia y la fidelidad" (Mt.23,23).

En el cristianismo los tabús culturales se remontan nada menos que a San Pablo. El apostol de los gentiles ordena a las mujeres cubrirse en la iglesia, permanecer calladas y estar sujetas a su maridos. Cuando San Juan XXIII habló de los signos de los tiempos debió referirse, entre otras cosas, a determinadas costumbres que ya no podían considerarse vigentes. En el mundo católico todavía existen pulsiones tradicionalistas que se fijan más en lo exterior, y olvidan la caridad, "ceñidor de la unidad", que pidió Cristo a sus discípulos.

Juan Iganacio Encabo Balbín
Tollet, Anne-Isabelle/Bibi, Asia, ¡Por fin libre!, Homo Legens, 2020.