Ciertamente, no basta con el crecimiento en nuestra vida personal, económica y social, pues sino crecemos como personas y nuestra situación amorosa o familiar no es estable, entonces el crecimiento puede convertirse en deconstrucción como explicaba Derrida y sus famosas teorías marxistas. Así lo explica Daniel Susskind, catedrático de economía del “King’s College” de Londres, en un magnífico trabajo que vamos a comentar seguidamente.
Es interesante que el crecimiento económico, empresarial y personal se ha disparado en los últimos años y a pesar de las sucesivas crisis que hemos padecido, el crecimiento de la economía global es un hecho como demuestra este libro con todas las gráficas y datos necesario (23).
En segundo lugar, hemos de reconocer que ese progreso ha conllevado daños importantes en el ecosistema, en las relaciones familiares y en el propio planteamiento de la familia y del tiempo dedicado a la familia, a los amigos y a nuestro propio descanso (114).
Ciertamente, lo que ha entrado en crisis es el planteamiento de progreso, que es evidente que debe ser rectificado para que el crecimiento, como el progreso, sea acorde con la dignidad de la persona humana y los verdaderos valores de nuestra civilización y del humanismo que la ha inspirado. Como afirmaba Robert F. Kennedy: “El PIB lo mueve todo, excepto aquello que hace que la vida merezca la pena” (149)
Lógicamente, para enderezar la cuestión, debemos volver sobre nuestro pasado para encontrar en nuestras raíces donde están las claves que hemos perdido en el camino, rectificarlas y seguir creciendo, pero de manera mucho más homogénea, más universal y más humana sin duda.
Quizás debemos releer a los grandes teólogos de la escuela de salamanca que alumbraron la primera globalización económica desde el ángulo de la dignidad de la persona humana y del trabajo para dignificar la familia, la sociedad, el estado y las relaciones entre los diversos reinos. En definitiva, una libertad encauzada por la verdad y una verdad abierta a la trascendencia y a la solidaridad. Lo interesante es estudiar de primera mano esos textos, esas consideraciones y recordar que “es más difícil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”.
¿Pero qué es el rico? Es aquel que ha puesto su confianza en el dinero, en el tener más, en vez de ponerla en el ser más, como acaba de recordar el santo Padre León XIV en su primera encíclica “Magnifica humanitas”: hemos de poner nuestra confianza en Dios y en el hombre para alumbrar nuevos caminos que nos saquen del atolladero del crecimiento sin valores humanos
José Carlos Martín de la Hoz
Daniel Susskind, Crecimiento. Historia y balance, Antoni Bosch editor, Barcelona 2026, 340 pp.