El 68 interminable

 

Es interesante volver la mirada a la inconclusa revolución del 68 para encontrar las raíces que nos ayuden a entender el tiempo que estamos viviendo y alumbrar ideas y proyectos que ayuden a enderezar el futuro de nuestra maltrecha civilización occidental.

Ciertamente, estamos en tiempo de crisis, de cambio de época, pues ha concluido la sociedad del bienestar en un cierto bloqueo de la democracia por su trasformación en partidocracia y tras la disolución de esta en un individualismo aterrador y en una ausencia de Dios y de valores.

El libro está escrito desde la perspectiva italiana más que católica, desde el ángulo de un centroderecha italiano que sigue completamente atrapado en un humanismo que requiere estar abierto a una ética común y para ello hace falta que se abra a la trascendencia.

Como, cada vez más, quien manda es la economía y Bruselas, el problema se va agudizando cada vez más. Es cierto, como nos dirá Giancarlo Cesana, escritor y psicólogo (Milán 1948), que la “libertad y el poder están indisolublemente unidos” (48), pero no terminamos de alumbrar el futuro con claridad ni con entereza.

La solución que nos aporta nuestro autor, a mitad del ensayo, puede parecer, a primera vista superficial o ligera, pero es completamente cierta y radical: más libertad, más verdad y más caridad.

Para empezar más libertad. Por tanto, hemos de releer a Bergson y al 68 e intentar romper esquemas, salir de las formas hechas, de acostumbramientos y comenzar a hacer pactos entre la derecha y la izquierda, a reconocer que la libertad es creada y que no podemos actuar como si fuéramos Dios, por tanto, debemos partir de los límites de la naturaleza, pero saltarnos los límites que nos hemos autoimpuestos. Es decir, escuchar a Bergson y buscar soluciones creativas: “para solucionar un problema hay que salirnos del problema”. La libertad está conformada por la verdad y la verdad encauza la libertad (65).

Volver a ser libres significa hacer las cosas por amor, buscar el bien común, sacrificarnos por nuestro país, nuestra familia, nuestros amigos, como afirmaba el papa Francisco: “la revolución de la caridad” (83).

Efectivamente, “la fe sin las obras está muerta” como decía la epístola de Santiago (Sant 2,17), pero todavía hay algo más y es que “la fe sin caridad” no es la fe de la Iglesia ni el mandato de Jesucristo (59).

José Carlos Martín de la Hoz

Giancarlo Cesana, El 68 interminable. Un punto de vista católico, Encuentro, Madrid 2026, 132 pp.