El pasado 25 de mayo, se presentó en Roma la primera encíclica de León XIV, que había sido firmada el 15 de mayo, por tanto, a muy pocos días de su próxima visita a España donde se espera que levante los corazones y los ánimos de los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad a mirar hacia delante y afrontar el futuro con entusiasmo e ilusión.
Descendiendo a la Encíclica “Magnificat humanitas” de León XIV, comencemos por recordar que una Encíclica es un documento de valor universal dirigido a cristianos del mundo entero y a hombres y mujeres de buena voluntad que desean una orientación para sus vidas y luces para entender el mundo dónde están viviendo.
Se llama técnicamente, magisterio ordinario de la Iglesia pues atañe a cuestiones de fe y de moral de ordinaria administración. Por eso pueden servir para los no cristianos, pues no apela a la fe ni dilucidan cuestiones graves que están en discusión.
Indudablemente, ha pasado suficiente tiempo desde su elección como para tranquilizar a todos los que temían bandazos o actitudes extremas. El papa continuará con la tradición de siglos de la Iglesia para vivir lo que se denomina fidelidad creativa. Por tanto, gobernará la Iglesia inspirado por el Espíritu Santo que es quien gobierna la Iglesia.
Con esta Encíclica nos ayudará a caer en la cuenta de que el misterio de la Encarnación del hijo de Dios es el dogma clave de la vida de la Iglesia y desde él se ilumina el horizonte magisterial. Asimismo, señalemos que el Santo Padre ha aprovechado su primera Encíclica para hacer un análisis de la situación cultural, antropológica y sociológica del mundo donde faltan ilusiones grandes y a la vez tenemos por delante debates importantes y problemas que resolver o encauzar.
Enseguida, llama la atención la gran confianza del santo Padre en el hombre y en la capacidad creativa del hombre para salir de los problemas más complicados. Siempre es cuestión de amar, de buscar el bien común, lo que lleve al desarrollo de la dignidad de la persona humana, de toda persona humaba. Es interesante, que la Doctrina Social de la Iglesia que renovó y estructuró León XIII en su famosa Encíclica “Rerum Novaroum” (1891), vuelva al primer plano en su primera Encíclica, y vuelva a renovarla, recuperando el concepto de Dios encarnado, misterio central de nuestra fe, pues ahí radica la dignidad de la persona humana; somos imagen y semejanza de Dios e hijos en el Hijo.
Precisamente, en ese marco sitúa la cuestión de la Inteligencia Artificial, un instrumento de la tecnología que, como cualquier otro, debe estar al servicio del hombre, del progreso integral de la dignidad de la persona humana. Por tanto, aprenderemos a aplicarlo como lo demás, pues la libertad y sus obras han de estar configuradas por la verdad.
José Carlos Martín de la Hoz
Academia de Historia Eclesiástica