Incrustados en la estructura parroquial

 

El santo Padre León XIV, en su viaje a España, ha visto venir la nueva deriva que está tomando el clericalismo en la Iglesia y ha paralizado los intentos de convertir la Iglesia Universal y las Iglesias particulares en una red de parroquias donde se ofrezcan diversos servicios como los surtidores de gasolina: cursos de Biblia, Sacramentos, empleo, bio-sanitarios, acompañamiento de viejos y enfermos, psicología infantil y juvenil. Matrimonios fracasados, etc. En esa línea, va el último trabajo de Jordi Bertomeu Farnós (Tortosa, 1968), profesor de la Universidad Gregoriana.

Ciertamente, el problema del clero ha sido siempre preocupante en la Iglesia católica (35) y más desde el año 313 cuando, tras el llamado Edicto de Milán, se pasó a un modelo de Iglesia completamente desbordado. Es decir, se pasó de una Iglesia vibrante, periódicamente reformada y rejuvenecida por el martirio, a una Iglesia de masas donde había caído la tensión de amor a Dios y a las almas que es el termómetro de toda familia cristiana y de toda comunidad cristiana.

Bertomeu tuvo un encontronazo muy fuerte hace unos meses en España cuando unas declaraciones suyas fueron malinterpretadas por algunas mujeres que creyeron oír que las mujeres no podían ejercer la dirección espiritual o el acompañamiento espiritual, que quedaría reservado a los sacerdotes, contra la tradición inveterada de la Iglesia.

Lógicamente, la cuestión queda suficientemente descrita y aclarada por Bertomeu en este interesante trabajo. Efectivamente, la aplicación del can. 517 §2, sigue siendo objeto de estudio tanto por parte de la teología pastoral como del derecho canónico, pues ciertamente en la parroquia hay funciones estrictamente derivadas del orden sacerdotal, como la predicación de la Palabra de Dios, la administración de los sacramentos y las funciones que el obispo haya delegado para el gobierno de la comunidad y la sinodalidad (15).

Hay otras funciones del párroco que pueden delegarse en laicos con la debida preparación, como sería la atención de los enfermos y necesitados, las catequesis, el acompañamiento y formación de los matrimonios, la organización de la página web de la parroquia, etc.

Efectivamente, que el Santo Padre haya indicado al Sínodo alemán que, por el momento, la homilía corresponde al párroco o al diácono en ausencia del primero, pero no al laico, está indicando que es mejor formar a los jóvenes de la parroquia para que surjan vocaciones para los seminarios y la vida consagrada y así poder tener ministros para toda la comunidad y también seguir formando a los jóvenes para que sean buenos padres de familia y formen a sus hijos y para que hagan un intenso trabajo de apostolado en sus lugares profesionales.

José Carlos Martín de la Hoz

Jordi Bertomeu Farnós, Parroquias dirigidas por laicos. Configurados bautismalmente con Cristo para el servicio, PPC, Madrid 2026, 264 pp.