Un análisis fraudulento de la historia

 

La editorial malagueña “última línea de ensayo” ha cometido un error con la publicación de este libro, pues es un análisis tan tóxico de la realidad que terminará por ser denostado por la opinión pública española y, de paso, se eliminará una editorial que da cobijo y publicación a trabajos poco fundados.

Ciertamente, no es fácil escribir la Historia de la Iglesia y más aún, en momentos de grave secularización y de tiempos de feroz persecución para lograr el desprestigio y la desconfianza en la Iglesia por parte quienes confunden los errores de algunos hijos de la Iglesia con la Institución.

Además, la deformación de la figura del Santo Padre Francisco ha sido palmaria tanto por los agentes de la opinión pública de un extremo y de otro, hasta el extremo de ser juzgado como si fuera un líder político peronista.

La gran ventaja es que el cuerpo de las Encíclicas, Exhortaciones Apostólicas, y Cartas Apostólicas muestran al lector sereno y atento un magisterio papal de una gran coherencia interna y dedicado con todo el corazón a buscar las ovejas descarriadas, los descartados, desorientados, etc. Ciertamente, este pontificado ha dado paso a un tiempo de calma, de trabajo ilusionado y activo en tantas facetas de la vida pastoral de la Iglesia que hay trabajo para muchos siglos y sobre todo para mucha gente.

No podemos olvidar que una de las primeras cosas que ha hecho el papa León XIV ha sido recuperar el principio de presunción de inocencia, asunto fundamental para continuar trabajando en bien de las víctimas, sus familias, y también de los reos que hay que lograr una completa conversión: recordemos que una de los primeros logros de Francisco fue eliminar la pena de muerte.

En efecto, la última gran enseñanza del Santo Padre es, indudablemente, la sinodalidad, que para Francisco significaba “meter el hombro”, dedicar todas las fuerzas posibles a sacar adelante la Iglesia y extenderla por todas partes especialmente para llegar a los desfavorecidos. Aquel consejo que le dio un cardenal nada más ser elegido “no se olvide de los pobres” se ha trasformado en eje central de un extenso significado. En el caso de la sinodalidad hay que recordar que es una cuestión que se vive con toda naturalidad en la Iglesia Oriental, también en la católica, mientras que en la parte occidental en 1054 con el cisma de Miguel Celurario se perdió no solo la unidad sino también la sinodalidad. Ciertamente, estudiar el ejercicio del primado durante el primer milenio y de la sinodalidad tal y como se vive todavía en el otro lado, será de una gran utilidad para crecer en vitalidad en este lado. Además, si también ellos podemos mostrarles la vitalidad apostólica y de formación que existe en muchas diócesis del mundo con un laicado cada vez mejor formado porque el nivel intelectual ha subido en muchos lugares del planeta.

José Carlos Martín de la Hoz

Diego Fusaro, El fin del cristianismo. La muerte de Dios en la época del mercado global. Y el Papa Francisco, Ediciones última línea, Málaga 2026, 430 pp.