El mejor prefacio para este libro sería sin duda su contratapa: una hoja blanca que debe permanecer así, en silencio, por defecto (como el sudario blanco del difunto) o por exceso de palabras (como la hostia blanca del Verbo). Basta que la ennegrezcamos con nuestra escritura para que no podamos evitar imponer una objeción
Sobre el dolor: entre la Bíblia y la filosofia.