Mai, la protagonista, tiene trece años y se enfrenta por primera vez al dolor de no encajar en su entorno y, sobre todo, al dolor de perder a su abuela. Lo que su abuela le enseñó durante el verano que pasan juntas en el campo antes de su muerte es un mundo que se desvanece, una vida que se vive despacio y en comunión con la naturaleza y con el propio cuerpo y la intuición, ese tipo de conocimiento y conexión espiritual entre personas y demás seres vivos que, dice la narradora, se ha perdido en el estilo de vida actual.