21 octubre de 2017, 16:30

Hotel Aitana

Madrid

Octubre, 2017

La elegancia del erizo

Barbery, Muriel

En un inmueble de París, dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doce años y oculta una inteligencia extraordinaria. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.

Comentarios

Imagen de POTTER

Una buena historia que arranca sonrisas y lágrimas pero es una pena la falta de trascendencia que transmite.

Imagen de Rubito

La lectura de esta obra me ha dejado un sabor agridulce. Creo que se debe a la diferencia entre el fondo y la forma. En cuanto a esta, es de expresión exquisita, distraida, con fina ironía que arranca sonrisas; en definitiva, de facil y agil lectura. Pero en cuanto al fondo ya es otra cosa. Los personajes son totalmente planos; muy inteligentes, eso sí, pero muy planos. Yo diría que son bidimensionales; les falta la perspectiva de la tercera dimensión, la altura, la trascendente, la que puede dar sentido a las cosas o, en su defecto, las que las deja sin sentido. De ahí la tristeza que emana de todos ellos y que, de forma subliminal, penetra en el lector.

Imagen de raranega

Este libro es el típico que, cuando comienzas a leerlo, te desconcierta y a la vez te parece sugerente y novedoso. La verdad es que el planteamiento de escribir un libro donde los dos protagonistas son tan interesantes, es bastante curioso. Los dos critican la burguesía francesa: uno desde la portería y otro desde su propia casa. Conforme avanza la novela, los dos personajes se van distanciando en interés: la portera se va volviendo cada vez menos creíble y menos interesante; pero el de la niña se mantiene. La entrada del un nuevo vecino japonés, supone la alteración de la vida de estos personajes y ............ llegamos a un inesperado final.

Lo mejor se este libro es su novedad de planteamiento como novela,y su crítica a la burguesía convervadora o socialista (que puede ser también la española). Lo peor: la "filosofía" de la portera.

Imagen de Azafrán

Muriel Barbery, como profesora de filosofía, conduce al lector, tras la trama de esta novela, por las principales teorías filosóficas sobre el conocimiento, la percepción de la realidad frente a la realidad ontológica. Puede que la evolución del pensamiento filosófico, sobre la manera en la que el ser humano conoce la realidad propia y la realidad del mundo que le rodea, haya dado un paso hacia delante en Francia, por fin. No sé si cada uno de nosotros se ha enfrentado alguna vez a la falacia del “pienso, luego existo”, como si los seres que no pueden pensar, por ello, no existieran. Como si el propio ser humano, antes de alcanzar la propia consciencia de su existencia o después de perderla por una enfermedad o un accidente, no existiera. O la idea no real de que lo que nos rodea tan sólo existe en el momento en el que lo percibimos y sólo en ese modo.
Pues eso es lo que late tras la personalidad de una portera de 54 años, viuda y que gusta de su soledad para profundizar en el pensamiento de autores de libros de filosofía, historia, literatura… Esta mujer madura resume la síntesis perfecta del hombre del siglo XXI que ha dedicado su soledad a comprender el pasado, el presente y a entrever el futuro del hombre europeo que es lo mismo que decir del habitante del planeta Tierra porque hoy, Europa, ha asunto el pensamiento y la cultura del oriente y del occidente, las formas de vida del norte y del sur. Todo lo ha visto y todo lo ha integrado. No sé si lo habrá “digerido” o si lo tiene atravesado entre pecho y espalda, sin saber muy bien a qué carta quedarse. Pero no así nuestra portera que sí sabe quién es y en qué modo quiere reservarse para los trabajos intelectuales.
Paralela a la vida de la portera, vive la suya, en un modo totalmente desesperado, una preadolescente que no sabe cuál es su sitio en este mundo, cuya egoísta percepción del propio interés parece excluirla. Los monólogos de esta jovencita le servirán a Muriel Barbery para demostrar al lector que es posible eternizar la belleza del movimiento, de la música… Será una reflexión sobre la imposibilidad de eternizar la pasión o el sentimiento exaltado que llevó al artista a crear la belleza. Permanece pues el concepto intelectual de lo bello que, sin embargo, puede llegar a transmitir, en algún modo, aquel sentimiento o aquella pasión creadora. Obra de belleza, pasión o deseo de eternidad es lo que mueve al hombre creador. De este discurrir se podría llegar a colegir el concepto ontológico de un Dios Creador, incluso para un agnóstico o un ateo. El repaso filosófico no se detiene en el realismo filosófico de Edmund Husserl, que se queda en la realidad percibida por ser humano, en su consciencia. Va más allá, al realismo idealista.
La adolescente descubre en la amistad de la portera culta una esperanza para su vida. La imaginación, el mundo de la inteligencia creadora, de la cultura, encarnado en esa mujer devuelve la esperanza a la jovencita. Atisba el concepto de Dios como posible pero no como creíble porque ha desaparecido del ideario intelectual europeo: el europeo puede trascender su vida en el arte y la música y así eternizarse. Aunque lejos del Dios Eterno que da la vida eterna.
Reflexiona sobre el concepto de educación y de la política y afirma que “los hombre viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje” (pág. 57) Es una crítica a la concepción de la filosofía como el arte de convencer al que escucha. Una crítica a la falacia, a la mentira, cuando es bien recibida pues contribuye al convencimiento del que escucha; aunque el discurso y la realidad sean entes divergentes.
Un tercer personaje aparece en la novela: un japonés que pondrá la nota de sofisticación en la vida de nuestra portera.
El lector llega a identificarse con esta mujer de vida aparentemente sencilla, cotidiana, sin embargo, elegante. Una manera inteligente de plantearse la relatividad de lo que nos rodea, la caducidad y la levedad de la vida. Y para los que además de entender a Dios como posible, lo entendemos como creíble, una aproximación a la filosofía interesante.

Imagen de fcrosas

Es una novela a dos voces, la de sus dos protagonistas, que hablan-escriben en estilo directo, alternadamente. Original, sin ser experimental, de buena factura. La dureza de la crítica social y moral y el escepticismo desde el que suponemos que escribe al autora no lastran la novela. En los tiempos que corren aporta incluso un poco de esperanza. Fundamental leer la novela hasta el final. Si no, mejor no empezarla. es de las que tienen desenlace.

Imagen de acabrero

Qué pena de libro sin sentido. Lo primero que uno
piensa es en la autora, porque no es posible escribir un canto al sinsentido
sin que sea la esencia de su vida. Y me da una pena tremenda pensar que exista
una sola persona así, para quien la vida no lleva a la eternidad.

 

La historia de Renée,
Paloma y Kakuro es simpática, hasta divertida, en su
visión crítica de la sociedad opulenta parisiense, que es la de Francia y de
gran parte de Europa. La frivolidad más enfermiza frente a unos personajes
tocados por la cultura y el arte. Renée es una
portera culta, que procura pasar ante sus vecinos ricos, como una paleta “para que
no la descubran”. Paloma es una superdotada –se autodefine ella misma- de 12
años, que observa con pasmo la estupidez de la gente, empezando por su hermana
y sus padres. Kakuro es un japonés muy rico y
jubilado, que se instala en la casa, al quedar un style='mso-spacerun:yes'> 
piso libre por defunción. Este hombre de gran
cultura y sensibilidad oriental descubre enseguida cuales son las dos “joyas”
del vecindario, y comienza una amistad emotiva entre los tres.

 

Tres personajes entrañables, tres personas que saben
encontrar cierta alegría a la vida en su amistad incipiente, en sus
conversaciones profundas, en el arte. Paloma había decidido suicidarse a final
de curso, no sin antes hacer algo grande en su vida. Renée
sólo tiene el refugio de Manuela, la asistenta de
alguno de los vecinos, para aguantar su vida de soledad, hasta que descubre a
sus nuevos amigos, almas gemelas.

 

Es el único sentido que ven a sus vidas. Y no es
poco, otros no tienen ni eso. Pero cuando se llega al final la palabra “nunca”
suena tremendamente fúnebre, porque para estas pobres gentes no hay nada después.

 

Un libro con chispa, con una crítica constante a
la sociedad vacía y consumista, con unos valores interesantes, pero que no
tiene ni un atisbo de trascendencia, expresamente la niega. Un libro que he leído
con gusto pero que no recomendaré para no dejar a nadie con el regusto amargo
del sinsentido del hombre moderno.