Alumnos Villanueva

Modera: Gabriel Rodríguez Pazos

Fecha: 9 de mayo 2017

Mayo, 2017

El viejo y el mar

Hemingway, Ernest

La figura del viejo pescador refleja la idea de Hemingway sobre la dignidad humana, dignidad que se pone de manifiesto en el tesón de luchar hasta el final. El forcejeo entre el hombre y el pez muestra la calidad de su prosa y pone de manifiesto su concepción de la vida.

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“El viejo y el mar” es un cuento en el que un pescador dialoga consigo mismo y con el océano, a bordo de su pequeña barca. Es Santiago; “el campeón” cuando era joven y ahora “el viejo”. Al inicio y al final del relato aparece un muchacho, Manolín, que da a la obra un toque emotivo. Se ha señalado cómo “El viejo y el mar” sintetiza los valores en los que creía Hemingway: el individuo y la lucha. Es verdad, pero hay más. El individuo en este caso es un anciano. Ahora que se pone en duda la rentabilidad del hombre en su tercera edad, Santiago todavía tiene la esperanza de capturar el pez más grande de su vida. Su lucha no sólo es contra el mar, sino también por la autoestima y contra la pobreza y la soledad. “Nos han derrotado” –se queja a Manolín. Y aquí aparece otro valor importante de este libro, que es la naturaleza como sujeto. A la naturaleza la respeta el hombre cuando se enfrenta a ella en igualdad de condiciones. No se la respeta cuando se la esquilma en condiciones de superioridad o valiéndose de medios técnicos desproporcionados. Santiago se enfrenta al mar para arrancarle el sustento y conservar una razón para vivir; por eso los demás pescadores le respetan y Manolín, que se había embarcado con él cuando sólo tenía cinco años, le quiere. Hemingway tenía toda la experiencia que se pueda desear en esta materia ya que él mismo practicaba la pesca deportiva del merlín o pez espada (evidentemente no es lo mismo que pescar por necesidad) y había convivido con los pescadores cubanos. Ya se ha señalado como el mayor mérito literario de la novela es el diálogo que mantiene el viejo durante dos días con el mar, con el gigantesco pez y consigo mismo. La edición popular de Planeta, que incluye una mala biografía del autor, no me gusta nada.

Imagen de Germán

A juicio de algunos analistas, uno de los más grandes escritores de la literatura universal, Ernest Hemingway dejó a su partida obras que hoy son consideradas clásicos en lengua inglesa.

"El viejo y el mar", publicada en 1952, es el relato de la lucha de un anciano con un gran pez. En realidad, lo que constituyó un homenaje a los pescadores de Cojimar, un pueblo costero cercano a La Habana, fue un elemento clave para que en 1954 le fuese concedido el premio Nobel de literatura al novelista norteamericano.

Por la poderosa forma de su estilo y la maestría del arte de la narración moderna, con su más reciente evidencia en "El viejo y el mar", la Academia Sueca juzgó el aporte de este autor.

Hay que decir que los adjetivos se sucedieron unos a otros y la crítica no dejó de aplaudir el libro en el que, con su típico estilo de diálogos nítidos y lacónicos, de pocas descripciones plenas de emanaciones visuales, gustativas o sonoras, Hemingway acercó el rostro de un lugar o la situación de una persona.

A decir de los especialistas en esta materia, el argumento a través del cual se cuenta la historia de un viejo pescador cubano que se hace a la mar y después de muchos esfuerzos consigue vencer un pez; agrupa y desarrolla algunos de los temas preferidos por el novelista.

La soledad, la dura relación del hombre con la naturaleza, la afirmación del deseo de vivir a pesar de las frustraciones y desengaños, el sentimiento de muerte y la valentía física e intelectual, son algunas de las trivialidades del día a día antes las cuales el estadounidense expresa una profunda sensibilidad.

El eje central de esta obra pareciera ser un plano donde la voluntad de triunfar y superar obstáculos, es un fin en sí mismo. En realidad, lo importante no es ganar la batalla y tal vez es por ello que el desarrollo se enfoca en la contienda, en la lucha; y es que este viejo que recrea Hemingway lucha como ningún otro hombre.

Como explica Alicia Perdomo Hernández, la novela que se agrupa dentro de las más relevantes de la literatura norteamericana y que, además, está llena de sentido épico; refleja la sencillez y la poderosa fuerza expresiva de la oralidad, muy con el estilo del escritor.

Dentro de un orden real, constituido por la historia lineal de Santiago (el personaje central), y otro simbólico, con el sentido de la vida; el autor construye un todo realista. Al final, lo que pudiera aparentar una derrota es una gran historia.