Desde hace ya unas décadas hay una tendencia peligrosa de las marcas a crear una publicidad que enganche a los niños. Los expertos en publicidad son conscientes de que los pequeños se encaprichan fácilmente de cosas atrayentes: juguetes, alimentos, vestidos… Y también saben los versados en publicidad que hay muchos padres que son incapaces de oponerse a los deseos de los hijos. Esto supone un peligro grave, muy presente en nuestra sociedad, de crear niños que crezcan egoístas, materialistas y, por lo tanto, mucho más lejos de una auténtica educación trascendente.