Montealto

Coordinadora: Antonia Hueso Zambrano
Lugar: Colegio Montealto
Fecha: Último jueves de cada mes (15 de junio), a las 16:00.

Junio, 2017

En el mar hay cocodrilos

Geda, Fabio

Si naces en Afganistán en el lugar equivocado y en el momento equivocado, puedes estar seguro que aunque seas un niño ágil como una cabra puede haber alguien que reclame que tu vida le pertenece. Sobre todo si tu padre muere mientras trabaja para un hombre poderoso y la mercancía del camión que conducía se pierde. En ese caso, puede que, para evitar que te capturen, tu propia madre te diga que tenéis que salir de viaje y te lleve a Pakistán, donde, tras hacerte prometer que te convertirás en un hombre de bien, te abandone a tu suerte.

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Imagen de acabrero

La historia de Enaiatollah es real. No cabe duda de que, al escribir, el autor/periodista puede haber exagerado un poco algún aspecto o también ocultado otros, pero nos damos cuenta de que es una historia, una de tantas, de un refugiado político. Una persona que no puede ya vivir en su pueblo –Nava-, lo cual resulta verdaderamente triste y difícil de revivir en nuestra vida. No es nada fácil ponerse en el lugar del protagonista en cada etapa de su huida. Lo que significa ir de un lado para otro sin nada, haciendo amigos aquí y allá, viendo cómo se mueren algunos de sus acompañantes, en los diversos pasos peligrosos. ¿Hay alguien que piense en que Enaiatollah debe volverse a su pueblo, porque ya estamos hartos de refugiados? Lo interesante es identificar a muchos de los vemos en la televisión con el protagonista de esta historia.

Imagen de Coré

Pienso que puede ayudarnos a todos  a cambiar nuestra visión sobre los inmigrantes ilegales. El relato está muy bien llevado, de manera que se lee como si fuese un libro de aventuras, aunque esconde al drama de un niño que se juega la vida con frecuencia para sobrevivir en un mundo que le rechaza por no tener papeles.

Imagen de Pipa

En conjunto es un relato verdaderamente entrañable. Narra el propio protagonista, intercalando algún que otro breve diálogo con el autor, (lo cual aparece con otra letra), para no perder el hilo de la aventura de sus andanzas. Su tono es sencillo, espontáneo, lleno de ternura e inocencia y a veces con latiguillos, como se da en el hablar. Enaiatollah cuenta la odisea de su corta vida, desde que siendo un niño que cuando más o menos –creía él- tenía diez años, fue sacado de su país, Afganistán, por su propia madre, para salvarse de las amenazas de los talibanes. Su madre, muy a su pesar, lo dejó abandonado a su suerte, en Pakistán. No podía hacer otra cosa. Cuando termina de narrar tiene, cree, veintiún años. Y lo hace desde Turín, donde finalmente se asienta.- Un mapa en las páginas 8 y 9 ayuda al lector a situarse.- El protagonista pone empeño en distinguir a los afganos de los talibanes. Nada tienen que ver, aunque entre estos últimos haya también afganos. Después de un tiempo en Pakistán, decide pasar a Irán como clandestino. No mide el riesgo, sino solo la esperanza de mejora le va situando cada vez con más deseo de ir hacia occidente… ¿Pero qué se va encontrando en cada sitio? Él es espabilado y trabajador, así que fácilmente hace amigos. Pero cada vez corre más riesgos… Está acostumbrado a la pobreza extrema, pero no pierde su dignidad. Siempre encuentra a alguien que de algún modo le ayuda, salvo cuando la policía, muchas veces corrupta, los coge y los devuelve a la frontera en Afganistán… Sin embargo, es al llegar a occidente, en Grecia, cuando una anciana desconocida actúa con él con verdadera misericordia. Y luego, ya en Turín, con una familia que le acoge. A lo largo de la narración se palpa la ausencia de “derechos humanos”, la explotación hacia los inmigrantes, la ignorancia y el analfabetismo… en esos países de origen. La historia, siendo dura, tiene una gran delicadeza por el modo de decir del protagonista. Vale la pena leerlo.- A pesar de alguna errata que se ha colado, como en la p. 97 confundiendo el este y el oeste…

Imagen de amd

Fabio Geda, periodista y escritor, se mete en la piel de Enaiatollah Akbari (un niño afgano de apenas diez años) para narrar en primera persona un largo viaje. Cuando comienza el relato, el protagonista es todavía un niño que debe abandonar su casa, su familia, su pueblo para huir de la amenaza talibán. Su óptica infantil nos permite conocer los hechos bajo la mirada de la inocencia y de la ingenuidad que nos hace más llevadera y liviana la lectura; aunque no por ello, la historia deja de ser terrible y apasionante a la vez: durante varios años, con la mediación de los traficantes de seres humanos (en cuyas manos queda su trabajo, su dinero y su vida), cruzará varios países desde Afganistán hasta llegar a Italia. En el transcurso de estos años, Enai se hace un hombre porque todo viaje es también un viaje del alma que madura, se transforma y purifica a su paso por diferentes lugares y en contacto con otros hombres. Aunque algunos pasajes son tremendamente duros, merece la pena leer este relato y llegar a buen puerto, después de atravesar un “mar en el que siempre hay cocodrilos”.

Imagen de Azafrán

Comienza esta novela de 186 páginas con tres recomendaciones que la madre de Enaiotollah hace, a modo de testamento, a su hijo de apenas 10 años.
De la etnia Azara, Enai, no conocía más allá del valle en el que se situaba Nava, su pueblo de origen. La guerra de Afganistán, los Talibán, le hubiesen convertido en asesino o en asesinado si su madre no hubiese tomado la terrible decisión de sacarle ilegalmente del país y abandonarlo en una pensión en Quetta, Pakistán. Los Talibán son sunitas mientras que los Azara son chiitas. Les desprecian porque físicamente carecen de barba en la cara, además de por cuestiones religiosas.
Y esa era la herencia que le dejaba: no robarás, no usarás ni una cuchara de palo para herir a otro ser humano, no te drogarás.
Con ese patrimonio, Enai comienza su vida laboral en la propia pensión: limpiaba las cloacas por un sitio donde dormir y algo de alimento. Así vivió hasta que otro comerciante le contrató como vendedor ambulante con una pequeña comisión sobre las ventas. Algunos niños de su etnia, también en Quetta, le enseñaron a vender y a defenderse de los hurtos de los niños pakistaníes. Cuando comprendió que la riqueza estaba al occidente emprendió un viaje hacia Irán como trabajador ilegal en la construcción, junto con su amigo Sufi. Los propios policías les robaban sus ahorros llevándoles hasta la frontera de Pakistán pero permitiéndoles regresar y trabajar unos meses; después volvían y la historia recomenzaba.
Así que decidió viajar ilegalmente a Irak, y posteriormente, siguió camino de Turquía. En medio las montañas del Cáucaso. Un mes caminando por terreno abrupto con grandes diferencias de temperaturas entre el día y la noche. Lo peor quizás fuese cruzar Turquía en un transporte clandestino, sin apenas sitio para moverse durante horas y horas, camino de Estambul.
El título está sustentado por la conversación que sostuvo con otros tres niños que le aceptaron como compañero y le pagaron el viaje pues Enai aseguró que sabía inglés, aunque en realidad sólo conocía algunas palabras. Con ello salió de Mitilene en un bote de plástico. Todos sentían miedo ya que uno de ellos aseguraba que “en el mar hay cocodrilos”. Más tarde consiguió su objetivo: llegar a Roma y a Turín. Allí se dedicó a estudiar el italiano aprovechando todos los recursos sociales para emigrantes. Dos años después, pasó la entrevista que la Comisión para los Refugiados políticos. Como argumento para conseguir ese status presentó un artículo que por aquellos días publicaron todos los periódicos: un niño talibán asesinó a un soldado estadounidense. “Yo podría ser ese niño”, fue su argumento.
La escuela fue la mejor ayuda que tuvo Enai antes de abandonar su pueblo, Nava, y durante toda su corta vida. Para él significó alcanzar el status de refugiado y una familia de acogida.
Una novela muy recomendable para los alumnos de Educación Secundaria.

Imagen de acabrero

Es la auténtica historia de un emigrante. Tantas veces hemos vista en la tele o en los periódicos las noticias sobre gentes llegadas de muy lejos en pateras o escondidos en camiones, buscando una nueva vida. Es el caso de Enaiatollah, que a sus 10 años es abandonado por su madre en Pakistán para salvarle del peligro talibán. El resto es saber cómo se organiza un niño de esa edad para sobrevivir en un país donde no conoce la lengua, ni la ciudad ni a nadie. Es una historia real y verdaderamente apasionante.

Imagen de Ran

Novela sorprendente y apasionante que plantea el problema de los emigrantes forzosos. Con una prosa llana, sencilla, el autor nos hace partícipe de la historia de Enaiatollah Akbari.
Sin cargar las tintas –los hechos hablan por sí solos-, ni victimismos, el protagonista en primera persona, va narrando lo que ha sido su vida desde que a los 10 años su madre le abandona en Pakistán para salvar su vida de los talibanes. Una vida dura que presenta el drama de una buena parte de la población afgana.
Dentro de su crudeza y los golpes que la vida le va dando, Enaiatollah conserva un carácter positivo y alegre ante la adversidad, mostrando un talante humano que hace muy atractiva su personalidad.