La fórmula preferida del profesor

Novela optimista que genera fe en el alma humana, contada con la belleza sencilla y verdadera de un «larguísimo» haikú, ha desatado un inusitado interés por las matemáticas constituyendo un auténtico fenómeno social en Japón. En ella se nos cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo y huraño profesor de matemáticas que perdió en un accidente de coche la autonomía de su memoria, que sólo le dura 80 minutos. Apasionado por los números, el profesor se irá encariñando con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2008
300
978-84-96601-37-6
2022
300
978-84-1107-126-0
Valoración CDL
4
Valoración Socios
3.714284
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Interpretación
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Género: 
Libro del mes: 
Junio, 2022

Comentarios

Imagen de acabrero

El béisbol y las matemáticas son los temas reincidentes en casi todas las páginas de esta novela que, podríamos decir, es simpática. Si el béisbol no te interesa nada la posibilidad de que te emocione el libro baja un tanto. Creo que la incidencia de las matemáticas puede ser de más interés, porque descubre ideas, fórmulas, curiosas que pueden interesar a cualquiera pero sobre todo que los  amantes de estas ciencias. El fondo es la amabilidad y es de agradecer el buen trato, los constantes detalles de los tres protagonistas. Bien escrita, sin grandes problemáticas, se lee con gusto.

Imagen de JavierCanals

Una madre soltera con un hijo de 10 años comienza a trabajar como asistenta de un anciano profesor de matemáticas que padece de amnesia: su memoria solo puede conservar los últimos 80 minutos de su vida, así como la época anterior a un accidente de tráfico, que tuvo lugar muchos años atrás. La asistenta, muy profesional, es enviada por una agencia y cada día la recibe el profesor con las mismas preguntas, ya que no se puede acordar de ella. Un día, ella comenta que tiene un hijo, y el profesor insiste en que lo traiga por las tardes, a la salida del colegio, para que no tenga que esperar tanto tiempo para cenar. A partir de ahí se desarrolla una relación encantadora entre el profesor y el niño, a quien este bautiza con el nombre de “root”, raíz, pues opina que su coronilla tiene la forma del símbolo matemático de raíz √.
El relato completo trata de comprensión, de cariño, de amor por las matemáticas y por el béisbol, de la fragilidad de la mente y la memoria y de la madurez de un niño de 10 años, así como del compromiso de una mujer joven con un anciano que necesita su ayuda y que, debido a la enfermedad, cada día la saluda como si la viera por primera vez, al igual que sucede con su hijo “root”. Muy recomendable.

Imagen de wonderland

Una madre soltera (la narradora), su hijo de diez años, y un viejo matemático que ha perdido la memoria en un accidente, al que no queda más familia que su cuñada. Ésta contrata a la narradora como asistenta para el anciano. Y ahí comienza una historia de amor y amistad maravillosa. Descubrí este libro en mi librería habitual. El comentario era elogioso, pero lo que me atrajo de verdad fue la portada: ¡La fórmula de Euler! La fórmula más notable de las matemáticas para Feynman; la fórmula elegida como la más hermosa por los lectores de una prestigiosa revista matemática…pero ¿una novela? Era intrigante. En la librería, me enteré por la contraportada de que el libro ha sido “un fenómeno social en Japón”: millones de ejemplares vendidos, cómic, película… Con estos antecedentes es de temer un pastel sentimentaloide, pero Yoko Ogawa es japonesa, y eso significa sutileza y contención: “la belleza sencilla y verdadera de un larguísimo haiku”, dice la contaportada. Cae en el tópico, pero tiene razón. En la novela hay algunas matemáticas, muy sencillas. Según iba leyendo, me preguntaba cómo aparecería la fórmula de Euler, mucho más difícil de explicar que los conceptos sobre números primos, perfectos, amigos o triangulares que van saliendo. Finalmente aparece, y lo hace de una manera que puede resultar incongruente o absurda, pero que a mi me ha parecido uno de los rasgos de auténtico talento de la novela. En una escena ambigua pero decisiva, el profesor, al que el accidente ha convertido en algo parecido a un idiot savant, incapaz para comunicarse salvo con las matemáticas, escribe la fórmula como protesta ante la injusticia que está presenciando. Y sin que Ogawa explique nada, sabemos lo que significa: ante la fealdad de la mentira, la fórmula, como un grito, proclamando la belleza y la verdad. La acción absurda del profesor da resultado. Y nosotros nos lo creemos: una demostración (matemática) del talento de Ogawa.