Los desafíos del católico

Una compilación de artículos del autor publicados en el diario católico italiano Avvenire. Del título original italiano nos detenemos en dos apartados: Pensar la historia y El desafío de la fe. Fue publicado en 1992 siendo pontífice san Juan Pablo II.

Por lo que se refiere a pensar la historia, el autor escribe sobre germanos, anglicanos, hebreos, el Islam y de algo bastante contemporáneo: el ecologismo. Messori no trata propiamente de la fe sino sobre la Iglesia Católica en las décadas posteriores al concilio Vaticano II.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1997 Editorial Planeta, S.A.
197
978-84-08-02181-8

Subtítulo: Descubrir la huella de Dios en el mundo que nos rodea.

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Comenzamos por no estar de acuerdo con el título español de este libro. Titular Los desafíos del católico a un libro que en italiano se titulaba Pensar la historia confunde. Únicamente se hace referencia a esto último en el subtítulo.

Los artículos corresponden a las primeras décadas después del Concilio Vaticano II. Fueron años tranquilos en el mundo y oscuros para la Iglesia. Las únicas voces católicas que parecían llegar a la opinión pública eran las de los así llamados disidentes, teólogos cuyo mayor interés residía en aproximar, cuando no diluir, la fe y las tradiciones católicas en la cultura contemporánea: materialista, racionalista a su modo y rebelde. Destacaba en este sentido el profesor Hans Küng a quien el autor dirige una Carta abierta en el libro.

Mientras tanto la jerarquía callaba, y si hablaba su voz no llegaba a los católicos. Messori, que es periodista y no teólogo, reacciona contra ese estado de cosas: "Existe en la actualidad -escribe en el Prólogo- una fuerte demanda de información objetiva y no acomplejada, desde una perspectiva cristiana y católica en particular" (pág.7). Reivindica que "la caridad es servidora de la verdad" (pág.9).

Messori se entretiene señalando como la verdad histórica es contraria a los tópicos comunmente admitidos. Si se pretende que los católicos han de ser tolerantes con el Islam, el autor recuerda que éste es el primero que no está interesado en dialogar con el cristianismo, y cómo los sucesores de Mahoma arrasaron las comunidades cristianas en Oriente Medio y norte de África hasta los Pirineos, intentando por todos los medios la conversión de los cristianos al islamismo.

Si los judíos alegan haber sido perseguidos por los cristianos, Messori recuerda cómo los primeros cristianos fueron perseguidos por los judíos. Basta recordar el ejemplo de San Pablo, que se inició como perseguidor de los discípulos de Jesús; después de su conversión lo encontramos como apostol itinerante en Asia Menor escapando de sus antiguos compañeros en la fe de Moisés, y cómo terminó en prisión, en Cesaréa y Roma, denunciado por el Sanedrín de Jerusalén.

La pregunta está clara: De acuerdo ¿y qué? Tanto el papa Francisco como León XIV han hablado de la sanación de la memoria. No vale la pena conservar eternamente enemistades por hechos ocurridos hace siglos. Por lo que se refiere a las materias de tipo doctrinal, habían de llegar los pontífices posteriores -Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y el actual León XIV- para que los católicos recuperasen el rumbo. Hoy todavía queda mucho por hacer, la historia se mide por siglos. Son los santos -el Espíritu de Dios a través de ellos- los que renuevan la Iglesia de Cristo.

El autor caricaturiza lo que en aquella época se conoció en francés como pastoral d'ensemble: Reuniones y más reuniones, asambleas, comisiones, subcomisiones y todo tipo de organismos; auténticos funcionarios religiosos y documentos colectivos de los que nadie se responsabilizaba individualmente. Mientras tanto la Iglesia de Cristo iba disminuyendo en fieles, sacerdotes, religiosos y nuevas vocaciones: "Si Dios no hubiera dejado un resto en Israel habríamos llegado a ser el más pequeño de los pueblos" (Isaías 1,9).

Messori termina pidiendo perdón a Juan Pablo II por haberle criticado años atrás: "Se me ocurrió incluso pedirle a través de los periódicos menos discursos, menos documentos, menos encíclicas, menos palabras" (pág.196). La costumbre hasta entonces había sido criticar a los pontífices, pero  las críticas comenzaban en la misma curia vaticana. No sería hasta la llegada del papa Francisco cuando se intentó reorganizar y quizás depurar el órgano central de gobierno de la Iglesia Católica.

Este libro está muy pasado de fechas, y hoy las necesidades del mundo y de la Iglesia son otras muy distintas, según nos enseñan los pontífices en la actualidad.