Hermann Steinkamp

Hermann Steinkamp nació en 1923 en Alicante, donde pasó su niñez. A causa de la guerra civil española cursó el bachillerato en Alemania y a los 18 años tuvo que incorporarse a filas en la Marina alemana. Tras la Segunda Guerra Mundial, regresó a España donde estudió Ciencias Químicas, comenzó su vida profesional y conoció el Opus Dei. 

Los comienzos del Opus Dei en Holanda.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2026 Ediciones Palabra
155
9788413685809
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Leer la vida de Hermann Steinkamp, el sacerdote que inició la labor del Opus Dei en Holanda, resulta conmovedor. Explicaba San Josemaría Escrivá que cuando los hombres queremos escribir algo buscamos para ello el instrumento adecuado, pero que Dios no actúa así; Dios busca el instrumento menos apto -la pata de una mesa, decía Escrivá- para que se vea que la obra es suya.

Cuando en 1959 el sacerdote alemán Hermann Steinkamp recibió el encargo, por parte del fundador del Opus Dei, de comenzar la labor de la Obra en los Países Bajos, parecía una decisión atrevida, una temeridad. Se encontraba todavía reciente la Segunda Guerra Mundial y los holandeses habían sufrido mucho por parte de los germanos. Hermann llegó a Ámsterdam recién ordenado sacerdote, solo, sin medios económicos ni patrocinadores y sin conocer el idioma. Es cierto que el Obispo coadjutor de Haarlem había solicitado la presencia del Opus Dei en su diócesis, pero una vez llegado allí el joven sacerdote es muy poco lo que el prelado pudo hacer por él y Hermann permaneció todavía dos años sin obtener la venia del Obispo para comenzar la labor apostólica.

En los relatos sobre la vida de San Josemaría, ordinariamente se omiten las dificultades, maledicencias y críticas que recibió el fundador de la Obra, ya que éste las consideraba "de ordinaria administración". Dios permitía que la pared fuera muy dura para que el clavo quedara bien sujeto. No es el caso del autor de este libro, Fernando Gil-Delgado relata los ataques que don Hermann y los primeros socios del Opus Dei en Holanda recibieron a través de los medios de comunicación, también los de origen católico. Cuando solo había tres miembros de la Obra en Holanda, una revista estudiantil escribía lo siguiente: "Creo que la prensa haría muy bien en lanzarse como un enjambre contra los primeros ratones del Opus Dei que han penetrado en nuestro país. Claro que la lucha será larga y difícil, pero por lo mismo aún más necesaria" (pág.53).

Ante esas acometidas la recomendación del fundador de la Obra fue la de no defenderse, "ya que no se podía dialogar con tal fanatismo" (pág.77). Su consejo fue "callad, rezad, disculpad, sonreir" (pág.9). Aun así, el autor advierte el daño que hacían esas críticas, en forma de actividades apostólicas que tenían que suspenderse o centros de formación juvenil que quedaban súbitamente vacíos. Hay que advertir cómo el Opus Dei no fue la única víctima de esa actitud contestataria, ya que cada vez que la Santa Sede nombraba un obispo en Holanda era inmediatamente impugnado por los mismos. Cuando San Juan Pablo II visitó los Países Bajos, pareció como si estos quisieran boicotear su presencia (pág.125).

El Arcipreste de Ámsterdam pedía con frecuencia a don Hermann que acudiera a atender a los moribundos. Un día éste le preguntó por qué acudía siempre a él y no a otros presbíteros, y el Arcipreste le contestó que era el único sacerdote en Ámsterdam que creía en la vida eterna. Comenta Gil Delgado que "aquella respuesta era una exageración, pero reflejaba la mentalidad imperante" (pág.62). En otra ocasión, un sacerdote de paso por Ámsterdam entró en una iglesia para confesarse y le remitieron para hacerlo al centro de la Obra (pág.134). También se tardó mucho en publicar Camino en neerlandés, ya que a los editores les parecía "poco moderno" y el obispo consideró que daría lugar a nuevos ataques en la prensa (pág.75). Finalmente pudo publicarse en 1972.

Don Hermann escribía con frecuencia al fundador de la Obra y posteriormente a sus sucesores. Podríamos pensar que les comunicara pensamientos elevados o propósitos de una gran santidad. En absoluto. Son propósitos pequeños, que reproduce el autor tomados de las cartas del sacerdote, quizás de esos que se hacen para no ser cumplidos pero que revelan un hombre bueno, un alma sencilla.

 

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Extraordinaria semblanza de Herman Steinkamp y de los comienzos del Opus Dei en Holanda. Leer artículo >>