El Señor de los Pájaros

La vida de un hombre gris que cuida el aviario de un barrio de una ciudad japonesa, contagiado por la pasión de su hermano mayor, ya fallecido, por los pájaros

 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2019 Funambulista
415
978-84-120190-1

Edición cuidada y buena traducción de Juan Francisco González Sánchez.

 

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Imagen de JavierCanals

Pienso que el secreto y el aspecto más llamativo de la obra de Yoko Ogawa es su prosa serena, algo que comparte con otros autores de culturas y épocas muy diferentes, como Robert Seethaler o Graham Greene, por poner solo unos ejemplos. La trama se despliega sin sobresaltos, aunque se narren sucesos inquietantes o dolorosos. Los personajes afrontan en algunos casos situaciones difíciles, como el fallecimiento de un pariente, o un problema de infidelidad familiar, pero siguen avanzando en su vida y, de algún modo, logran encontrar su lugar en el mundo.
El señor de los pájaros narra la vida de dos hermanos desiguales. Uno de ellos habla en un idioma propio, que solo entiende su hermano y su único interés son los pájaros, en especial los pájaros cantores. De algún modo, el «hermano mayor» puede entender lo que hablan los pájaros y reproducir sus llamadas. Llevan una vida sencilla, siguiendo pautas de vida repetitivas y monótonas. Se ocupa de un aviario en el jardín de un parvulario cercano. Cuando muere, asume su tarea el hermano pequeño, que trabaja de administrador en una residencia cercana, y que comparte su amor por los pájaros y lo transmite a sus conocidos. Los niños del parvulario y del barrio lo conocen por el «Señor de los pequeños pájaros».

Imagen de cattus

Esta novela gustará a todos los amantes de la naturaleza y, sobre todo, de los pájaros, pues la autora nos ofrece mucha información ornitológica, a través de la vida de un gris empleado de una gran empresa metalúrgica que se ocupa voluntariamente del cuidado de un aviario cercano a una guardería. Aunque no hay nombres de lugares ni de los protagonistas, parece que la acción transcurre en Japón. El estilo es muy cuidado, poético, detallista, algo premioso, los diálogos escuetos dejan una sensación de respeto entre las personas, pero también de soledad, de falta de comunicación. Una invitación a valorar la belleza de la creación, a contemplarla con sosiego, no es, por tanto, una novela de acción ni de intriga.