Nos encontramos ante una Encíclica papal, de León XIV, pero también frente a un pequeño tratado acerca de la Doctrina Social de la Iglesia, su evolución y aplicación a nuestros días.
Si bien en el subtítulo se hace mención de la inteligencia artificial, su aparición en el texto es esporádica, por lo que en realidad se contempla todo tipo de avances tecnológicos y cibernéticos, y el riesgo de que se vuelvan contra el hombre cuando se aplican sin consideración a la ética y la moral.
El título, Magnifica humanitas, hace referencia a la humanidad que el Hijo de Dios quiso compartir con nosotros, y al magnifico resultado que se obtendría si todos nos decidiéramos a vivir una civilización fraternal, la civilización del amor.
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Encontramos en la
Encontramos en la Introducción (págs.7-24) una síntesis de lo que luego vamos a leer. El Pontífice utiliza dos ejemplos tomados del Antiguo Testamento: la construcción de la torre de Babel y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén en tiempos del gobernador Nehemías.
La torre que tenía que alcanzar hasta el cielo, se nos presenta como un ejemplo de la soberbia de los hombres que al final es desbaratada. Por el contrario, tenemos el ejemplo de la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, cuando Nehemías pide a todas las familias que reconstruyan aquel trozo de muralla que se encuentra frente a su vivienda; es una obra colectiva que Dios permitió que llegase a buen término. De la misma forma, devolver a la comunidad humana su carácter fraternal es algo que corresponde a todos, una obra común: "Científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe" (pág.20). Todos habrán de restaurar su trozo de muralla orientado a la justicia y la paz.
En el capítulo I (págs.25-62) la encíclica desarrolla lo que ha sido la DSI desde León XIII hasta hoy. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce la autonomía de las realidades terrenas (pág.26), no es una manual estricto de normas a aplicar (pág.37), sino que pretende poner de manifiesto el vínculo existente entre el anuncio evangélico y un orden social más justo (pág.42): "No es fruto de un proyecto elaborado en un escritorio, sino un proceso paciente en el que cada pontífice y el concilio Vaticano II han hecho su contribución asumiendo los retos de su época a la luz del Evangelio" (pág.60).
En el capítulo II (págs.63-104) Magnifica humanitas expone los Fundamentos y principios en los que se basa la DSI. Estos son: a) La búsqueda del bien común, b) El destino universal de los bienes, c) El principio de subsidiariedad, d) El principio de solidaridad, e) El principio de justicia social. También incorporará "el cuidado de la casa comun", o sea del planeta. La encíclica desarrolla cada uno de estos principios en su aplicación actual. Hay dos cuestiones que no trata el documento y que no se pueden esconder, y son los límites en la acogida a los migrantes económicos y la deslocalización industrial que ha alterado el orden mundial.
El capítulo III (págs.105-143) lleva por título La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA. Comienza citando a san Pablo VI cuando dijo que "las proezas técnicas y económicas, si no van acompañadas de un auténtico progreso social y moral se vuelven contra el hombre" (pág.108). Es necesario -añade la encíclica- un discernimiento que proteja el primado de la persona y establezca con responsabilidad su uso [de la tecnología] y sus límites" (pág.111). Frente a los posibles excesos de la tecnología, el Papa nos recuerda cómo es en el corazón del hombre donde se albergan los valores más altos. Es la gracia de Dios, no la tecnología, la que puede elevar al hombre a un nivel superior, sobrenatural" (págs.136-137).
El extenso capítulo IV (págs.143-192) trata sobre Verdad, trabajo y libertad. Con carácter general no hay novedades. Tratando acerca del trabajo, León XIV recuerda como "la actividad cotidiana forma parte de la respuesta personal a la llamada de Dios" (pág.159). El capítulo V (193--231) enfrenta el poder y la civilización del amor. Una cultura del poder hecha de polarización y violencia (pág.195), y cuya máxima expresión la encontramos en la carrera armamentísima y en la guerra. La civilización del amor supone "un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan y el amor se convierte en principio de organización de la vida económica, política y cultural" (pág.196).
Concluye el Pontífice señalando cómo al final la paz es un don de Dios, por lo que hay que orar pidiéndosela a Nuestro Señor (pág.217): Corazón de Jesús Sacratísimo y Misericordioso ¡danos la paz!
Considero que Magnifica humanitas, sin negar sus aspectos destacados, es excesivamente larga, repetitiva en ocasiones. Más un tratado sobre ética social que una llamada de atención a los creyentes y no creyentes, que a todos es aplicable.