Al volante de un santo

San Josemaría preparó la expansión del Opus Dei por toda Europa visitando a los obispos y llenando las carreteras de avemarías y de canciones, como solía decir. Esos viajes, como tantos otros que realizó para visitar y alentar a los que comenzaban en esos países, o para descansar unos días durante el verano, solía realizarlos en coche.

El autor, arquitecto, fotógrafo y en estas ocasiones también conductor, pudo acompañarlo durante más de dos décadas. Relata ahora sus recuerdos, hasta ahora inéditos, que ponen de manifiesto la dimensión más afectuosa y familiar del fundador del Opus Dei.

Recuerdos del arquitecto Javier Cotelo sobre el Fundador del Opus Dei.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2021
192
9788432153402

Subt.: Mis años en coche junto a san Josemaría.

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Sorprende como un autor, con unos pocos trazos, puede conseguir lo que otro no lograría con centenares de páginas, dar vida a su personaje, hacer una pintura real del biografiado. Es el caso de Javier Cotelo -el chofer del Padre- en sus recuerdos de san Josemaría Escrivá. De paso el autor se retrata a sí mismo.

Explica Javier Cotelo que redacta estas páginas como el que cumple un encargo, el encargo recibido de san Josemaría: "Tú irás diciendo a todo el mundo cómo os quería el Padre" (pág.9). El autor (Madrid, 1932) tiene en la actualidad ochenta y ocho años, lo cual hace más meritoria todavía la lucidez de sus recuerdos y la concisión con la que es capaz de exponerlos. No son las batallitas del abuelo. Me gustaría destacar del texto dos o tres rasgos de la personalidad de san Josemaría tal como los expone el autor.

A san Josemaría le gustaba que sus hijos fuera naturales en el trato con él. Relata Cotelo cómo en una ocasión llegó a una reunión con el Padre y aprovechó para pedirle que le escribiese algo en su agenda de bolsillo. San Josemaría le llamó majadero y dibujó un cerdito con unos pocos trazos. Al rato pidió perdón a Javier por si podía haberse ofendido -"pobre hijo"- y añadió una palabras en la misma agenda (pág.35). Javier fue chofer del Padre durante trece años, pero la relación entre ellos no se presenta como la de un empleado con su patrono sino como un hijo en el cual se tiene toda confianza y, a la vez, es necesario educar, corregir y animar.

Desde mi punto de vista, la cita más valiosa que encontramos en el texto -no hay muchas citas literales- se refiere precisamente a esa educación fuerte y amable al mismo tiempo. Es valiosa porque se aplica no sólo a la paternidad espiritual que ejercía san Josemaría en el Opus Dei sino a todos los padres y madres que han sido y serán. No es doctrina nueva, no es original, pero es una síntesis perfecta y necesaria en el día de hoy, cuando existen tantos obstáculos para dar a los hijos una educación cabal. Dice así: "Un buen padre debe tener para sus hijos un corazón cariñoso de madre y de abuela; y debe tener también un brazo fuerte para formarlos en la libertad de los hijos de Dios... Esa fortaleza es también cariño. No es buen padre el que es dulzón y blandito como un merengue. Debe esforzarse en corregir y enseñar, para hacer de sus hijos unos buenos cristianos" (pág.32). Unos buenos cristianos y buenas personas, podríamos añadir.

Javier Cotelo es arquitecto y trabajó en el estudio de arquitectura que existía en Villa Tevere -la sede central del Opus Dei- donde san Josemaría pasaba largos ratos. Relata el autor una corrección sin palabras que le hizo el Padre: "Un día vino al estudio y me entregó su cortauñas para que me limpiase las uñas en el lavabo. A la semana siguiente volvió con el cortauñas. Levantando las cejas y con una sonrisa me lo pasó de nuevo porque mis uñas volvían a estar de luto. No dijo una sola palabra. Esa segunda vez aprendí" (pág.38).

Son sólo tres rasgos, una insignificancia ante la riqueza de anécdotas que contiene el libro. No me gusta el título, pero también demuestra que Cotelo no ha querido hacer una obra literaria sino ofrecer un testimonio personal sobre su convivencia con san Josemaría.

Imagen de JOL

Un testimonio directo y sólido por tantos años de acompañar a san Josemaría. Sencillo y comuentado de primera mano. Muchas pequeñas anécdotas que configuran una buena imagen del Fundador del Opus Dei. Son capítulos breves y enriquecidos con fotografías y dibujos del mismo autor arquitecto. Muestra con naturalidad hechos sorprendentes que podrían ser milagros en la vida ordinaria. El último capítulo relata las últimas horas del Padre aquel 26 de junio de 1975. Quienes le hemos tratado de cerca y vivido algunas de estas historias estaremos agradecidos con Javier Cotelo.

Imagen de Pablo de Bergia

El santo es san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei – la Obra.

El autor, desde su encargo durante muchos años de conducir el coche que san Josemaría utilizaba en sus muchos desplazamientos en su labor apostólica, nos describe momentos y anécdotas de la vida de san Josemaría donde destaca además de la eficacia de su trabajo y gobierno, su talante y buen humor, el amor que san Josemaría tuvo en su vida terrenal a Dios, la santísima Virgen y a todas las demás personas, especialmente a sus hijas e hijos, que así llamaba a los miembros de la Obra.

Libro escrito con sencillez y agilidad y con corazón de hijo, su lectura puede ayudar a contrastar nuestra vida con el ejemplo de san Josemaría, santo de lo ordinario, como lo definió san Juan Pablo II.

Imagen de aita

Los recuerdos de un arquitecto madileño de su trato con San Josemaría en Roma. Leer artículo >>