Alma y la isla

Alma ha llegado del mar. Otto no entiende su idioma y, desde que está en su casa y le ha tenido que dejar su habitación, se siente desplazado. La atención de sus padres, su abuela y hermanos ahora se dirige a Alma. Y a Otto, el pequeño de la familia, esto no le hace mucha gracia. A pesar de todo, la comunicación entre ambos irá más allá de las palabras y la amistad trascenderá la posible distancia que aparece en un primer momento. Gracias a la presencia de un amuleto, Otto entenderá mejor el origen de Almaz Sebhat, el verdadero nombre de la niña que vino del mar.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2016
120
978846980888

Ilustraciones de Ester García

XIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil

Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
Average: 4 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

4

Comentarios

Imagen de amd

Relato narrado en primera persona por el protagonista Otto, un niño de diez años, que se ve desplazado en el ámbito familiar por la llegada de una niña negra de origen etíope. El padre de Otto la ha salvado de morir ahogada en el mar tras una larga y peligrosa travesía. El uso de esta primera persona narrativa hace que el lector conozca de forma directa los pensamientos y los sentimientos contradictorios del protagonista: una sucesión de emociones opuestas, oscuras, provocadas por la presencia inesperada de Alma, que ocupa su habitación y atrae el cariño de todos los miembros de la familia: el padre, la madre, los hermanos e, incluso, la abuela.
La novela (dividida en capítulos muy breves que facilitan su lectura) plantea situaciones muy duras y dolorosas con respecto a la inmigración: la violencia y la guerra en los países de origen; la crueldad de las mafias que comercian con personas inocentes; la dureza  de las travesías sin ninguna garantía de supervivencia; el miedo y la desolación al llegar a tierras extrañas.
A pesar de la crudeza de los temas, el relato está impregnado de poesía y de lirismo tanto en la descripción de los paisajes de la isla (“toda la isla respiraba al ritmo del azul”), como en la presentación de los personajes, especialmente de Alma (“su carita negra brillaba y era como el azabache, como el ébano de Gabón”). A la riqueza y calidad del lenguaje, se une la abundante presencia de las ilustraciones, en la línea de la pintura “naíf”, con colores brillantes y contrastados, llenas de ingenuidad y de belleza. Por todo ello, la obra ha obtenido el XIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil.