¡Así de grande!

Cuenta la historia de una mujer, Selina DeJong, tenaz y luchadora, que, siendo muy joven, a la muerte de su padre, se instala como maestra en una comunidad agrícola de origen holandés, cercana a Chicago. Allí se casa con un granjero, que muere joven. Al quedarse sola con su hijo, Dirk, ella sacrificará sus sueños para que su hijo pueda tener la vida que ella anhelaba. Esta novela ganó el premio Pulitzer en 1925 y ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
304
978-84-16112-75
Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
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Imagen de Pipa

Deliciosa novela, fácil de leer, interesante a pesar de su tono sentimental y algo romántico, previsible. Romántico, en el sentido de pasión. Del bien y el mal. De contrastes marcados.

Selina se crió de manos de su padre, Simeon Peake, un “viva la vida”, que, a pesar de dedicarse al juego (sus negocios), ni un instante dejó de lado a su pequeña. Se preocupaba por su educación. Se la llevaba al teatro, a espectáculos, se preocupaba de que leyera mucho…  Aparecía como un hombre correcto y bien vestido según la moda del momento. “Era un hombre suave y elegante…” (p.16). Chicago era su pasión.  Quería que Selina aprendiera de la vida, de ver situaciones muy diversas:

“-Quiero que veas cosas de todo tipo (…) Que comprendas que todo esto no es más que una gran aventura. Un bonito espectáculo. El truco está en actuar en él y contemplarlo al mismo tiempo (…) Vivir. Todo está mezclado. Cuantos más tipos de gente conoces y más cosas haces y te suceden, más rico eres. Aunque no sean cosas agradables. En eso consiste vivir…” (p.18). A pesar de su frivolidad, le decía cosas “sensatas”. La llevaba con él a todos los sitios. Vivían según le iban las cosas: como ricos, o como pobres. Pero hablaban y vivían.

Las únicas amigas de Selina eran sus compañeras de la escuela de la señorita Fister, una escuela distinguida, en la que aprendían poca cosa.  Especialmente Julie Hempel, hija de August Hempel, un carnicero que supo progresar y darle un giro a su profesión, de modo que se convirtió en un gran empresario conservero de industrias cárnicas. Una amistad que marcará su vida.

El tema de la suerte es recurrente. No solo en esta etapa del juego, sino a lo largo de la narración. Tiene cierta moraleja. La trágica muerte de su padre acarreará un cambio drástico en Selina, siendo esta muy joven.

En la novela se nota las ideas feministas que defendía la propia autora. Las mujeres quedan mejor que los hombres, sin gran exaltación. En uno u otro papel, llevan la batuta. Son ingeniosas y agudas (para el bien o para el mal), inteligentes, sensibles. Saben salir adelante. Destaca la voluntariedad de la protagonista. La comarca del pueblo holandés, sito a las afueras de Chicago, hace que gran parte de su vida adulta se desarrolle en este contexto protestante y cerrado, donde el rol de cada uno está marcado. Y por ello destacará Selina, precisamente al reaccionar frente a lo establecido. En ocasiones se da una sutil crítica; por ejemplo, cuando explica lo que enseñan en la escuela de la señorita Fister, dice: “De los hombres, aparte de su padre, sabía lo mismo que una monja, o menos aún, pues estas criaturas enclaustradas, siquiera por el estudio de la Biblia, han de aprender mucho de las tendencias y pasiones que dominan al macho. El Cantar de los Cantares de Salomón constituye en sí mismo una espléndida educación sexual…” (p.17)

Es una novela positiva en su conjunto. Porque en ella destacan la solidaridad,  el cariño de un padre por su hija, la capacidad de sacrificio de una madre por su hijo, que encuentra su grandeza en la vida ordinaria, sin salir de su sitio, pero transformando este en un lugar más habitable y bello; dice Selina: “… Pero si he pasado aquí todos estos años desde que te fuiste siendo un niño. (…). No he estado en ningún sitio, no he hecho ni visto nada. ¡Cuando pienso en todos los lugares que iba a ver! ¡Todas las cosas que iba a hacer! (¡Cuántas veces, por amor, uno sacrifica sus sueños y sus ilusiones!)

-Has recorrido el mundo entero –dijo Roelf-. Has visto todos los lugares llenos de belleza y de luz. Recuerda que me contaste que, de niña, tu padre te dijo una vez que solo hay dos tipos de personas que realmente cuentan en el mundo. Unas son trigo y otras esmeralda. Tú eres trigo, Selina” (p. 290)

Por supuesto, cuenta con ayudas, porque también está muy marcado el carácter social de la existencia: unos dependemos de los otros.

La figura del hijo también es interesante. Selina tiene muy arraigado ese sentido de maternidad, que aplica con Dirk, su único hijo, por el que se parte la cara para que él pueda progresar y hacer lo que quiera. Y, en cierto modo también aprecia mucho a Roelf, Un crío que crecía en la familia que la adoptó, y al que nadie hacía gran caso. Cuando en realidad tenía una sensibilidad muy especial y artista. Solo Selina se lo valoraba. Y el chico adoraba a Selina. A Dirk le perdió el materialismo, el lujo y la frivolidad. Y cada vez más, distanciaba las visitas a su madre. El final de la novela es esperanzador y abierto. No hay un final. Pero sí deja muchos puntos de reflexión. Repito. Es una novela fácil de leer. Y atractiva.

 

 

Imagen de Coré

Este libro me ha encantado. Se ve cómo unas circunstancias adversas pueden despertar en el ser humano unas cualidades que estaban ocultas. Hay también. entreverado, una invitación a descubrir la belleza del bien, de la autenticidad.