Cada día tiene su afán

Jorge Fernández Díaz es un político de vocación y de raza. Barcelonés desde los tres años, aunque de raíces vallisoletanas y navarras, profundamente catalán y, por ende, español, empezó su carrera política como gobernador civil el más joven de España primero en Asturias y luego en Barcelona, donde vivió una angustiosa noche de tensión en el Liceo por una amenaza de bomba en la víspera de la inauguración del Mundial de fútbol de 1982.

En los años siguientes, sobrevivió a la larga agonía y disolución final de sus dos primeros partidos, UCD y CDS, así como a los vaivenes de su militancia primero en Alianza Popular y luego en el Partido Popular. Bregado en todos los altos niveles de la Administración Pública, conoció la política municipal y autonómica, y aterrizó finalmente en la nacional, donde ejerció como secretario de Estado en varios ministerios y finalmente como ministro del Interior.

Político de firmes convicciones políticas y también religiosas relata en este libro el inicio de su proceso de conversión, en Las Vegas, Jorge Fernández Díaz es un testigo de excepción de los últimos cuarenta años, cuyo testimonio es imprescindible para comprender y explicar el devenir de la política española y también la deriva catalana.

Este es el vívido y fiel testimonio de los momentos estelares de sus cuatro décadas en la escena política española y catalana, que ha experimentado de primera mano y en primera fila.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2019
392
978-84-9942-793

"Una mirada a cuarenta años de vocación política".

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Frecuentemente no sabemos de los políticos más que lo que nos hacen llegar los medios de comunicación e incluso sus adversarios a través de ellos. Cuando nos acercamos a una autobiografía, aun sabiendo que el autor va a dar una imagen positiva de sí mismo, nos encontramos con la persona, con sus defectos y sus cualidades, su carácter y circunstancias.

Siempre consideré a Jorge Fernández Díaz como un hombre un poco soso. Lamentaba que como presidente del PP en Cataluña no fuera de origen catalán y sentí que, en octubre de 2014, sufriera unas grabaciones en su propio despacho que luego fueron publicadas. El libro nos proporciona una visión bien distinta del personaje; una personalidad sin esquinas, ingeniero, hijo del jefe de la Guardia Urbana de Barcelona, que tuvo una buena relación con Jordi Pujol y Artur Mas hasta que estos hicieron profesión de Independentismo. El autor confiesa su vocación política aunque sin ambiciones, y reconoce abiertamente su opción por el humanismo cristiano.

El libro contiene abundantes afirmaciones de contenido moral; por ejemplo cuando denuncia una política vengativa, dirigida a hacer daño (pág.328). Transcribe las siguientes palabras de Juan Pablo II: "La fuerza de una democracia radica en los principios y valores en los que se sustenta" (pág.287). Lamenta la política hecha a base de sondeos y asesores: "Donde no hay convicciones todo es cálculo" (pág.360). Al tratar sobre el 11M recuerda aquel cálculo según el cual "si es ETA me va mal, pero si es el yihadismo me va bien". Concluye que "así la convivencia se vuelve imposible" (pág.213).

Como es lógico el autor trata ampliamente sobre Cataluña, el nacionalismo y el llamado proces. La palabra que más utiliza es deslealtad: "Deslealtad institucional", "deslealtad histórica" y "deslealtad constitucional". Recuerda que Cataluña estuvo ampliamente representada en la ponencia que elaboró el anteproyecto de Constitución, que en gran medida el modelo constitucional iba dirigido a mejorar el encaje de Cataluña y el País Vasco en el conjunto de España, y que la Constitución fue aprobada en Cataluña por un 90% de los votantes. Después de todo ello, optar por la secesión sólo se puede calificar como deslealtad e incumplimiento de los compromisos adquiridos.

El autor transcribe las palabras que le dijo Jordi Pujol en 1991, al comprobar como la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia se iban fragmentando: "Era absolutamente impensable. Yo tengo que intentarlo por lo menos. (...) sé que tengo pocas posibilidades, pero tengo que intentarlo" (pág.342). La conclusión del autor es que cualquier medida dirigida a apaciguar el nacionalismo catalán no tiene más efecto que alimentar la deslealtad, y sobre los referendos opina que los carga el diablo, y no producen más resultado que acentuar la división. Pone el ejemplo del brexit de Gran Bretaña. Piensa que la solución para Cataluña no va a ser inmediata, sino a medio y largo plazo (pág.365).

El libro no ofrece muchos datos nuevos, pero nos permite comprender algunos que ya conocíamos. Por ejemplo el giro atlántico de José María Aznar y la foto de las Azores (pág.192). Señala que para la sucesión de Rajoy se sumó a la candidatura de Casado, aunque no explica el porqué. En conclusión, nos encontramos ante un excelente resumen e interpretación de un largo periodo de la historia de España, realizado por alguien que ha vivido la política desde dentro.

El libro se lee muy bien. Quizá por la formación de ingeniero del autor la prosa es sencilla y directa, sin perderse en detalles.

Imagen de JOL

El lector puede conocer las entretelas de la entrada en la OTAN, el vuelco electoral del 11 M, hasta llegar al escenario político actual que desemboca en una crisis de Estado. Y sin embargo es un libro esperanzado, nada dogmático y muy humano, porque este político cree en el hombre y en el servicio a la sociedad. Aborda capítulos importantes como la experiencia de las autonomías, el uso instrumental de la corrupción, el nacionalismo disgregador, las recientes leyes de educación, o la formación en valores y la clase de religión, con las maniobras consabidas de algunos medios.